PÓLVORA SECA Y PLEGARIAS AL CIELO, EN ANDALUCÍA

(Artículo publicado originalmente en Actuall)

“Elevemos nuestras plegarias al cielo y mantengamos seca la pólvora” (Cromwell)

Esta frase podría expresar lo que se palpa en los ambientes conservadores en los que me muevo, respecto al acuerdo de investidura entre Vox y Partido popular.

Y esto, hay que decirlo ante todo, con gran alegría. Pues solo habiendo sufrido durante toda tu vida bajo un régimen socialista, se sabe lo que hemos sentido la mayoría de los andaluces cuando el otro día conocimos el acuerdo de investidura y que el socialismo, después de 37 años, va a ser desalojado de la Junta.

No ha sido fácil. Se que en la negociación han estado los mejores, como Francisco José Contreras, mi querido profesor Contreras, intelectual de prestigio que ya quisieran para sí los populares, aunque a muchos de ellos no les agradaría nada lo que oyeran de él, políticamente incorrecto donde los haya, y con una armadura intelectual de la que carece la “derechita cobarde”.

A los que llevamos tiempo en esta batalla cultural nos hubiera gustado, cómo no, ver caer de un solo disparo ese engendro que es la LIVG (ley integral de violencia de género). Ley que, como todos sabemos, solo sirve para aumentar las arcas de los “educadores de género” (educadoras en su mayoría), que se pasean por los colegios de nuestros hijos (los religiosos también, oigan, pero es capítulo aparte del que hablaré pronto…). Ley que hace sufrir a más no poder a muchos padres, los vuelve “locos” como leones solitarios, cuando los apartan de sus hijos, víctimas de los procedimientos judiciales injustos o de las medidas administrativas que los marcan como apestados, cuando solo han sido -muchos de ellos- víctimas de una ideología feminista y radical. Y Ley que deforma severamente a los niños, que se ven privados de la figura paterna en tantas ocasiones… Aparte de dejar desprotegidos a abuelos, hijos, etc, porque la violencia ciertamente no tiene género.

A los que llevamos tiempo en esta batalla cultural nos hubiera gustado, cómo no, que hubieran derogado de un plumazo ese esperpento de Ley de transexualidad y lgtbi, por ejemplo, que también engorda tantísimo la economía de los colectivos homosexualistas. Tanto que, sin subvenciones, difícilmente subsistirían tales lobbies lgtbi. Y ley que establece normativamente un supremacismo de las personas gays frente a las heterosexuales, etc.

A los que llevamos tiempo en esta batalla cultural nos hubiera gustado, cómo no, que se hubieran implementado en el acuerdo más ayudas y más concretas a las madres en riesgo de aborto (la legislación de aborto libre que padecemos no corresponde al ámbito autonómico) y favorecedoras de la natalidad, y no dejarlo vagamente a la creación de una consejería de solo “Familia”, de la cual, ya se han apresurado a aclarar en el Partido Popular, para calmar a las progres de turno, que abarcaría a todas “las familias” y no solo la familia natural formada por hombre y mujer.

Ni tan siquiera en ese aspecto, aunque reconozco lo difícil que sería, se va a poder cortar el grifo a las clínicas abortistas que, eso sí que es un chiringuito, pero sangriento, se enriquecen a costa del asesinato de niños.

Si. Nos hubiera gustado muchas más cosas. Por tanto, no podemos calificarla de una gran victoria, por mucho que algunos así nos lo quieran vender.

Pero ha sido un batalla bien librada. En la que no hemos retrocedido nada, puesto que nuestras fuerzas están intactas. Y eran muy pocas. Solo 12 valientes, liderados por uno de los mejores, Paco Serrano, el juez Serrano, como le conocemos los que le admiramos, rodeado él de un buen equipo de asesores.

¿Quiénes son los culpables de que no haya habido un mayor avance en las políticas provida y profamilia que defendemos desde hace tanto tiempo? Claramente: ni vox, ni los negociadores de Vox. Los culpables han sido Partido popular y Ciudadanos, y éstos últimos con una actitud vergonzante de no querer dialogar y recurrir al insulto sistemático (cuando ellos han defendido no hace mucho lo mismos, antes de escorarse a la izaquierda para ir recogiendo lo que caía del PSOE). Pero también el Partido Popular, que como siempre se ha arrugado ante los postulados progres y lo que “vayan a pensar de mi, por favor…”. Y es que la cobardía en ese partido ya parece que forma parte de su ADN…

Pero miremos adelante sin pesimismo. Como dice Alicia Rubio (una de las grandes artífices “sociales” del avance de Vox), “hay quien cree que con 12 diputados se pueden hacer milagros y que se puede ganar una maratón en 10 minutos… La lucha de VOX contra la ideología de género (LIVG, leyes LGBT, aborto, eutanasia, adoctrinamiento escolar…) es una carrera de fondo.

Y así es la carrera de Vox, y de todos nosotros también, los que bregamos en los navíos por aguas heladas… una carrera de fondo. Una navegación larga. Ya surques los mares helados en el rompehielos, vayas a bordo de un mercante, o disfrutes de lo lindo subido en el trasantlántico de crucero.

Y para esta carrera de fondo o navegación larga, lo mismo que para esta legislatura andaluza que comienza, es necesario lo que aconseja Cronwell, y que me recordó un amigo hace unos días: mantener la pólvora seca y elevar plegarias al cielo. Las dos cosas.

Son tiempos recios. Nos darán por todos lados. A algunos, ciertamente, ya lo vienen haciendo. Y es una auténtica guerra cultural. Hay que estar preparados, bien armados. La pólvora seca.

Hay quien cree -lo he leído en algún foro- que “las algarabías cesarán, y en dos o tres semanas ya se habrán olvidado y no nos escrachearán…” ¡Qué poco se sabe de esta guerra! Nosotros sabemos que tenemos que librarla. Unos pocos hasta saben cómo. Y también cuál será el final. Pero lo que sí tenemos claro es que será encarnizada y el enemigo no dará tregua.

Por lo que a mí respecta, elevaré también las plegarias al cielo. Así me lo pidió mi amigo admirado Paco Serrano. Porque la travesía se otea peligrosa. Y lo hago a diario. Rezo por él y por los que, a partir de ahora, tendrán responsabilidades políticas.

Se que a alguno de ellos les cogerá la travesía sin horas de navegación que le avalen. No importa. Basta con que le guste el mar y la guerra. Y no se asuste del ruido del cañón, claro. Pero sobre todo, que no busquen otra cosa que el Bien Común de la patria. Que no persigan nada más que la victoria final. Y que nunca piensen en sí mismos, sino en la bandera a la que sirven. Que es más grande y alta que la rojigualda.

Dios les bendiga.

Pedro A. Mejías Rguez.

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