LA BRECHA MATERNO-FILIAL. Por Custodio Ballester.

En todo el tiempo que llevo escribiendo este blog de Diario de un Mosquetero no me había sentido tan feliz como hoy, en que puedo ofrecer este artículo de mosén Custodio a los incondicionales mosqueteros que me leen. Un auténtico privilegio del que vamos a disfrutar.

Creo que conoces al líder en Barcelona de la defensa de la vida no-nacida -por lo que ha sido incomprendido casi siempre-, el paradigma de la disidencia a la dictadura lgtbi -por lo que fue amenazado y vilipendiado-, y en definitiva el auténtico bastión de la libertad religiosa -por lo que se le persiguió por el poder político catalán-. Por ello precisamente ha sido recientemente Premio HazteOir 2017. El otro día mismamente hablábamos de él en La Historia de Abel.

Es certero en sus escritos y es un volcán en su predicación. Siempre contra corriente. Siempre a favor de los principios fundamentales irrenunciables, que provienen de su fe inquebrantable. No quiero hablar mucho más. Aquí profundiza en un tema crucial, “el tema” mollar en nuestro tiempo: la verdadera brecha que hay entre las mujeres, el antinatalismo. El feminismo radicalizado. La cultura anti-vida.

Gracias, Custodio. Sigue entre nosotros iluminándonos.

custodio.artículo

Engañosa es la gracia y vana la belleza, pero la mujer que teme al Señor, ésa será alabada (Proverbios, 31,30)

Estamos asistiendo a un grotesco esperpento muy bien vendido y orquestado (producto severamente averiado comprado por todos los medios de comunicación y por todas las instituciones) en reivindicación de la dignidad de la mujer, que ha establecido como eje de esa reivindicación, la brecha salarial.

De todos los análisis de los colores más variopintos que se han ido haciendo estos días en los medios, se llega a una conclusión unánime: la responsable de la brecha salarial (de que las mujeres, en conjunto acaben ganando menos dinero que los hombres), es la maternidad. Y obviamente, según el signo de los analistas, la maternidad es la mayor de las desgracias que han de soportar las mujeres (y responsable de esa calamidad son los hombres erigidos en poder patriarcal opresor); o según otros, la libre opción de la mujer, que al optar por compatibilizar profesión y maternidad, ha de hacer ajustes en ambas: no puede dedicarse plenamente a su profesión, ni puede tampoco entregarse totalmente a la maternidad, con lo que acaba sufriendo merma en ambas. Una merma que a menudo desemboca en frustración. La laboral la entiende todo el mundo, y se cuantifica en el sueldo. ¿Pero qué pasa con la cuota de frustración maternal? ¿Quién la cuantifica?

La brecha salarial se vuelve más profunda cuando llega la jubilación: como resulta que todos los que estamos en este mundo hemos nacido de madre, resulta también que todas estas madres que nos han puesto en el mundo y nos han criado, han tenido que renunciar a considerables períodos de trabajo: según las feministas, por la maldad de los hombres; según la evidencia, porque las mujeres son más idóneas que los padres para cuidar de los hijos (para gestarlos, parirlos y amamantarlos, sin la menor duda). El resultado final es que las mujeres en conjunto tienen una pensión más mermada porque han cotizado menos por haberse dedicado a los hijos. ¿Pero acaso no le corresponde al Estado del Bienestar tapar esa brecha?

Lo chocante del caso es que se hayan puesto todos de acuerdo para señalar al hombre como culpable de esta situación. Y obviamente, la parte principal de la huelga general de las mujeres, no es la de manos caídas, sino la de vientres cerrados. Es la que están promocionando los “feministos” y las feministas no sólo en el Día Internacional de la Mujer (han quitado lo de “trabajadora” porque eso devaluaría el enfrentamiento), sino a lo largo de todas sus doctrinas, todas sus consignas y todas sus políticas. Eso a pesar de que la primera consecuencia fatal de la huelga general de vientres cerrados, es el desplome de todo el sistema de pensiones. Es decir, que en vez de resolver la brecha arreglando las pensiones de las mujeres, se cargan también las de los hombres: así nos igualan a todos en la nada. Todavía no se han enterado estos grandes “filósofos” –el ministro Montoro entre ellos- de que si le quitas al edificio una de sus paredes maestras, todo él se viene abajo.

El antinatalismo (compensado con sexualismo exacerbado) que con tanto fulgor brilló en las manifestaciones del día 8 de marzo, fue “la solución” al problema de la brecha salarial. Si las mujeres dejan de tener hijos, serán iguales a los hombres: ésa era la idea genial que subyacía a esa increíble puesta en escena. Se trata pues, dicen, de insistir en las políticas antinatalistas para resolver el tremendo drama español de la brecha salarial. Ésa era la receta que flotaba en las manifestaciones y las sobrevolaba. Es la genialidad del feminismo revolucionario. Y eso a pesar de que España es líder en cuestión de igualdad entre sexos: aventaja a la gran mayoría de países europeos. ¿Pero acaso tiene algo que ver la realidad con la ideología?

Lo impresionante es que tantísima gente se dejara engañar: todos opinando según lo políticamente correcto, que en ese momento y respecto a esta cuestión, es la forma más esperpéntica del feminismo.

Pero nadie se ha planteado que al Estado del Bienestar, ese que se ocupa de los bienestares que “convienen” en cada momento (de cara a cada campaña electoral) derrochando en algunos de ellos sumas de vértigo, le correspondería asumir el papel patriarcal del que se pretende despojar a los hombres. Ni más ni menos que el que cumplió la familia (la patriarcal, que es la que ha acabado perviviendo) cuando el Estado estaba en mantillas. Algunos Estados lo han entendido perfectamente, y le ofrecen a la mujer toda clase de recursos para no renunciar a la maternidad, sin que eso les represente perder bienestar ni cotización ni pensión.

En efecto, las manifestaciones que tenían que haber sido para reclamarle al Estado – ese que nos sablea a impuestos- que se hiciese cargo de la brecha salarial y de las demás brechas que acarrea la maternidad, se centraron en acusar al hombre, en azuzar a la mujer contra el nuevo enemigo del progreso, responsable de todas las calamidades de la sociedad. Mucho tuve que sonrojarme viendo a gente supuestamente bien formada, comprando esa mercancía rancia y deshaciéndose en elogios y parabienes a los y las manifestantes.

Es que la gran brecha que estamos padeciendo, y que el Estado podría subsanar a la perfección, porque le sobra dinero para todo lo que quiere (sobre todo el que gastan los políticos a manos llenas para mantenerse en el poder: estos días lo estamos viendo), es la brecha entre las madres y los hijos.  Uno de los resultados de la compatibilización de la maternidad con el trabajo, ha sido la tecnificación y empresarialización de la maternidad. A fuerza de imponerle obligaciones a la mujer, su papel de madre ha ido sufriendo una progresiva compresión y desnaturalización. Se ha tensado cada vez más, se ha desangelado y ha perdido atractivo. Y por si esto fuera poco, ha sido objeto de la más cruel campaña de denigración: porque para el feminismo, la maternidad es la peor calamidad que le puede ocurrir a la mujer. Con lo que la brecha materno-filial no ha parado de ahondarse: y así nos enfrentamos a una tremenda crisis de carestía de madres.

No será la falta de ingenieros e ingenieras, abogados y abogadas, médicos y médicas, maestros y maestras, informáticos e informáticas, lo que pondrá en gravísima crisis a nuestra sociedad, sino la falta de madres. Y es que de mujeres intoxicadas por la fiebre anticonceptiva, que hacen del aborto un derecho inexcusable para alcanzar sus objetivos profesionales; y de hombres lascivos y aprovechados, absolutamente irresponsables y pervertidos por el porno online (del que forma una parte cada vez mayor la pornografía infantil: cada vez son más los hombres que se recrean contemplando abominables aberraciones sexuales con menores), no podemos esperar ningún futuro para un país como el nuestro que, envejecido y envilecido, parece que sólo es capaz de moverse en pos de su autodestrucción.

Sólo el anuncio valiente de una única Verdad -la de Cristo: perdón de los pecados para los que creen, pero para todos, juez de vivos y muertos– que está por encima de todo, porque es superior a todo sistema y poder, puede abrir los corazones. Y hacerles sentir y ver que son una auténtica superchería unos “derechos” (los que promueve la ideología de género) que acabarán convirtiéndonos en los más encanallados esclavos, bobos lacayos de un sistema político cada vez más totalitario: intransigente por tanto con cualquier manifestación de disidencia.

Custodio Ballester Bielsa, pbro. (Sacerdotes por la Vida)

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