LA BRECHA MATERNO-FILIAL. Por Custodio Ballester.

En todo el tiempo que llevo escribiendo este blog de Diario de un Mosquetero no me había sentido tan feliz como hoy, en que puedo ofrecer este artículo de mosén Custodio a los incondicionales mosqueteros que me leen. Un auténtico privilegio del que vamos a disfrutar.

Creo que conoces al líder en Barcelona de la defensa de la vida no-nacida -por lo que ha sido incomprendido casi siempre-, el paradigma de la disidencia a la dictadura lgtbi -por lo que fue amenazado y vilipendiado-, y en definitiva el auténtico bastión de la libertad religiosa -por lo que se le persiguió por el poder político catalán-. Por ello precisamente ha sido recientemente Premio HazteOir 2017. El otro día mismamente hablábamos de él en La Historia de Abel.

Es certero en sus escritos y es un volcán en su predicación. Siempre contra corriente. Siempre a favor de los principios fundamentales irrenunciables, que provienen de su fe inquebrantable. No quiero hablar mucho más. Aquí profundiza en un tema crucial, “el tema” mollar en nuestro tiempo: la verdadera brecha que hay entre las mujeres, el antinatalismo. El feminismo radicalizado. La cultura anti-vida.

Gracias, Custodio. Sigue entre nosotros iluminándonos.

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LA HISTORIA DE ABEL

En estos días de celebraciones por la vida quisiera contaros una conmovedora historia, la historia de Abel.
Con Carmen y Feliciano, los padres del pequeño Abel, me une una amistad de admiración. Casi de veneración. Es para mí un privilegio, y lo digo de verdad, que formen parte de mi vida.
Conocí a este matrimonio catalán hace unos años, en un Encuentro de Derecho a Vivir, donde fueron para darnos su experiencia: les habían aconsejado -les habían presionado- abortar a su hijo. Abel venía con problemas. Pero ellos optaron por la vida. Con humildad. Con firmeza.
A mi me impresiona su decisión aún hoy, cada vez que pienso en ellos. Sin dudar. Sin vacilación alguna. Claro que junto a ellos estaba el “gigante” defensor de la vida en Barcelona, el P. Custodio Ballester, dándoles aliento y sosteniéndolos. Una suerte de la que por desgracia no gozan todos.
Y me impresionan también por su sencillez, su forma digna de afrontar la vida. Su profunda fe y confianza en Dios.
Os dejo con su historia y con la carta que nos envía Carmen.
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