LA PAREJA DE LA GUARDIA CIVIL Y EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL, por Alicia Rubio

Veleta_Pareja_de_la_Guardia_Civil.jpgHoy, vuestro blog mosquetero se viste de gala. Pocos honores como el que hoy tenemos los amantes de la vida y la libertad que por aquí batallamos.

Una mujer querida y admirada por todos nosotros, Alicia Rubio, nos obsequia con un artículo en exclusiva. Trata un tema profundo, pero de forma jocosa y divertida, como es habitual en ella.

Es lo que tiene la Rubio: azote de la Dictadura de Género, pero sin perder el buen humor, la prestancia, sin despeinarse siquiera… Así es como desmonta allá donde va, los mitos de la ideocracia que nos quiere dominar.

Os dejo con el placer de leer este verano la más mordaz crítica al pensamiento imperante:

LA PAREJA DE LA GUARDIA CIVIL Y EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL. 

Por Alicia Rubio

Mi marido y yo somos pareja. Eso es indudable. Y solemos pasear juntos patrullando y vigilando, de forma discreta, que en el parque de cerca de casa no sucedan agresiones o incidentes que puedan perjudicar a alguien.

Por eso, un día nos dimos cuenta de que, en el fondo, éramos una pareja de la Guardia Civil. Nos compramos dos tricornios y, ni cortos ni perezosos pues nunca lo hemos sido, fuimos a inscribirnos como tal en el registro de parejas.

Y ahí comenzó nuestro calvario de discriminación. El funcionario, parejoguardiacivilófobo él (PGCófobo), se negaba a hacer la inscripción alegando detalles incidentales como que para ser pareja de la Guardia Civil había que hacer unas pruebas físicas y aprobar unos exámenes (¡como si no estuviéramos en forma y no hubiéramos estudiado!), sin centrarse en que éramos pareja, llevábamos tricornios y patrullábamos con diligencia.

El funcionario fóbico, en su afán de discriminarnos, apelaba a que ambos miembros de la pareja habían de tener la misma profesión, cosa que coincidía en nuestro caso, pues ambos somos profesores. Incluso se atrevió a destacar que las parejas de la Guardia Civil son, pese a su nombre, militares. Pretendía, el miserable, convencernos de que nos inscribiéramos como “Pareja de guardia” que nos encajaba más, dado que éramos pareja y hacíamos guardia en el parque.

Insistía mucho en que nuestra situación de “no-pareja de la Guardia Civil” no nos hacía mejores, ni peores, que no éramos más merecedores de respeto y dignidad, ni menos, pero que teníamos que entender que no éramos pareja de la Guardia Civil. Se negaba, obcecado en destacar las diferencias, a valorar las semejanzas, y obviaba algo muy importante: nuestra plena convicción de que éramos una pareja de la Guardia Civil.

La situación de discriminación e indefensión llegó a tales cotas que, junto con otras parejas como nosotros, elevamos la reivindicación al Defensor del Pueblo. Este probo cargo político, a la vista del barullo que se le venía encima con la opinión pública a favor nuestro (habíamos hecho unas pancartas muy vistosas donde ponía: “Es un derecho ser pareja de la Guardia Civil”, “Soy lo que siento”, “Todos tenemos derecho a ser pareja de la Guardia Civil” “Por qué unos sí y otros no, si todos somos parejas”… y, sobre todo, teníamos en nuestra lucha a algunos medios de comunicación que miraban “de través” a la Guardia Civil), tuvo que reconocer que sí éramos pareja, que sí hacíamos patrulla y que llevábamos con orgullo y alegría nuestro elegantes tricornios. Y accedió, tras arduas campañas en las que se demostraba que merecíamos tal apelativo y que no hacíamos daño a nadie, en permitirnos la inscripción como “Pareja de la Guardia Civil-Civil” por tener la característica, que no diferencia, de ser más “civiles” que la “Guardia Civil”, al no ser cuerpo militar.

Ya con la inscripción hecha, nos encontramos con que, gente cabezona, discriminadora y montaraz insistía en que ellos pensaban que no éramos “pareja de la Guardia Civil-Civil” y que no existía la “Guardia Civil-Civil”. Para evitar tan desagradable situación se promulgó una ley que impedía semejante opinión discriminadora. No es que vulnerara el derecho de opinión de las personas, que de otras cosas podían opinar lo que quisieran, solo se impedía esa opinión, que al fin y al cabo, era errónea. Y delictiva por ir contra la legislación y la inscripción legalmente obtenida con la lucha y desde la libertad de ser lo que realmente sentimos que somos.

Pero la batalla no ha terminado. A las parejas de la Guardia Civil-Civil se nos sigue discriminando. ¿Saben ustedes que, al contrario que las parejas de la Guardia Civil, a nosotros no nos llega sueldo alguno siendo, como somos, pareja de la Guardia-Civil?

Por eso, ahora luchamos por el sueldo que nos corresponde como lo que somos. Pues no faltaría más. Y que los tricornios también nos los facilite gratuitamente el Ministerio del Interior. Sólo nos quedaba por ver que, con la que está cayendo, anduviéramos con discriminaciones.

¿Que qué iba a contar sobre el matrimonio homosexual? Pues no me acuerdo. Denme un poco de tiempo y retomo el hilo.

Alicia V. Rubio Calle

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