“¡INAUDITO!” UN CURA DE A PIÉ ENMIENDA LA PLANA A LOS OBISPOS SEPARATISTAS.

¿Y ahora qué hacemos, señores obispos? Un simple cura de a pié os ha puesto en evidencia. Con una sencilla carta y sin más recurso que su palabra.

Sí. De nuevo el P. Custodio Ballester, del que ya hemos hablado muchas veces en este diario, que me honra con su amistad, una de las personas más íntegras, valientes y espirituales que conozco. Bueno, no. ¡La que más! Y conozco unas cuantas. Pues otra vez, digo, Custodio ha puesto en solfa al Pensamiento Único. En este caso, el independentista catalán. Y nada menos que en la persona de los obispos rendidos al poder mundano. Doblegados a los que les arrojan las migajas de su estipendio.

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“¡Inaudito! es la palabra que utilizan algunos que se sorprenden cuando los demás tienen opiniones distintas, y estas opiniones son expresadas. Cuando, por ejemplo, opinan sobre algo discutible en la Iglesia, un tema organizativo o de gobierno. No de fe, claro. Y suelen utilizar esa palabra, inaudito, creyéndose poseedores exclusivos de la esencia religiosa y del néctar de la amistad episcopal.

Y la espetan -se de lo que hablo- como si se estuvieran rasgando las túnicas, cual sumos sacerdotes del sanedrín episcopal.

Incluso puede que esos algunos le hagan el cordón sanitario a los que se atreven a disentir, también negándoles el pan y la sal. Dando buena prueba de lo que son y de lo que en realidad defienden.

Creedme, se de lo que escribo. Y por eso admiro más aún a nuestro P. Custodio. Y lo hago en estos días en que ha cursado su ya famosa carta a los obispos catalanes, que ha tenido tanta repercusión en los medios.

La carta es una pieza que debería conservarse, leerla detenidamente y meditarla. Es un alarde de defensa de la fe. Aquí solo pongo un par de párrafos para invitar a su lectura:

Ustedes, Sres. Obispos ¿se sienten “herederos de la larga tradición de sus predecesores que les llevó a afirmar la realidad nacional de Cataluña”? Pues yo también me siento heredero, junto con esa otra mitad de catalanes silenciados también por la Iglesia, de una tradición muchísimo más larga y más catalana que la suya.

Me siento heredero de aquellos que en las Navas de Tolosa unieron las fuerzas de toda la España cristiana -Asturias, Castilla y León, Navarra y Aragón- para defender la libertad de profesar la fe verdadera frente a la intolerancia sanguinaria del Islam. Me siento heredero de aquellos sacerdotes y obispos que enviados por Isabel y Fernando al Nuevo Mundo, evangelizaron las Américas y confirieron la dignidad de hijos de Dios a hombres y mujeres de otras razas que se convirtieron por la fe no en esclavos, sino en súbditos libres de su Madre Patria, iguales en derechos a los demás españoles.

Razonamiento implacable. Si ellos se sienten herederos, él más aún, con más razón y con más historia.

Así, mosén Custodio repasa algunas de las gestas de la fe de la que él se siente heredero, con más legitimidad aún que la de los obispos catalano-separatistas que abogan por el plebiscito secesionista. Un auténtico placer leerlas.

Para herencia, la de la fe española. Más antigua, más legítima, más grande, más histórica. Y más catalana que la del invento independentista.

Esto está claro y remito -una vez más- a la lectura atenta de la carta de este sacerdote catalán tan cercano a nosotros.

Pero me quiero fijar en lo que es el valor de esta carta, su motivo y significación. No su contenido concreto, sea la independencia -en este caso- o fuese cualquier contenido moral o teologal que se pusiera en solfa.

Y el valor de esta carta está, a mi parecer, en

Uno: La incongruencia de los obispos catalanes, por un lado, que quieren callar a un cura de a pié, mosén Custodio, para que no se salga de madre ni cree crispación ni ningún malestar en los políticos (con su amparo a las procesiones de legionarios con el Cristo de la Buena Muerte, censuradas por el poder político), y ellos -los obispos- deciden tomar partido por ese mismo poder político.

El repaso que les da el cura cuando habla de la incoherencia por la educación (corrompida por las leyes de género) y la sanidad (corrompida por el crimen del aborto en hospitales públicos y diocesanos al mismo tiempo) es de antología.

Dos, de importancia mollar: Lo “inaudito” de que un simple cura –un cura de a pié, que se arriesga y habla- critique una Nota oficial de sus obispos. ¿Sería mejor que hubiese callado? ¿Hubiera sido más oportuno que no hubiese hablado? ¿Esto es normal, es lícito? ¿Es pecado? ¿Pueden sancionarle? Este es el meollo. Si es inaudito o no que los cristianos hablemos ante las meteduras de pata de los obispos.

Pues a esto diremos que no solo es bueno y positivo que hable y opine, en este caso el P. Custodio, sino que es necesario, es cristiano, es moralmente aconsejable.

En la historia eclesiástica católica hay una gran tradición de corrección fraterna, con raiganbre evangélica: “si tu hermano peca (falla, yerra, se equivoca), corrigelo en privado, si vuelve a pecar, hazlo en presencia de la comunidad…”. Pero también en los Santos Padres: “Peor eres tú callando que él faltando” (San Agustín). Y esto, referido también al gobierno y a la ayuda necesaria que deben recibir los obispos de sus colaboradores, los presbíteros.

Y tres: La actitud propia de quienes va dirigida, del episcopado catalán, a punto éste de caer -sin exageración, y si no han caído ya- en el pecado y el escándalo de simonía. Se han puesto continuamente del lado del poder político, como en otras épocas. Y recibiendo de él, presumiblemente, favores económicos y estabilidad institucional. Esto ha sido así. Prueba de ello es la foto de este artículo: el propio presidente catalán (el mismo que debiera estar ya entre rejas por delito de alta traición), le agradece a los obispos su apoyo.

Un escándalo. Y lo menos que pueden hacer los cristianos dignos de tal nombre es decírselo.

No está la fidelidad a la Iglesia, esposa de Cristo, en hacer reverencias y dar cabezazos a los obispos de turno. Que no. Ni en cenar con ellos o alabarles en público. Está en ir en pos de la santidad de vida y dar la cara, aunque te la partan, por la fe y los principios. Esto conlleva a menudo a perder amigos. Pero es un precio barato para conquistar y saborear la libertad que conlleva.

Una vez más me tengo que descubrir ante un hombre coherente, valiente. Con la valentía de hacer simplemente lo correcto. Lo que todos debieramos hacer. Aunque en este caso, a los que molestemos sean a los obispos catalanes.

La defensa de la verdad tiene un precio, ya muy alto en esta sociedad que galopa hacia el totalitarismo. En la refriega en que estamos, es difícil evitar el fuego enemigo, tan fanático. Por eso daré gracias a Dios si consigo esquivar el “fuego amigo”.

Por cierto: mientras escribo esto se conoce la noticia del birrete cardenalicio para Mons. Omeya, ordinario de Barcelona. Pues muy bien. Dios le ayude. Pero ha venido en un día desafortunado. No será culpa del Papa, que digo yo. Es como si hoy, que el Barcelona F.C. ha perdido la liga, se viste uno la camiseta del Barça. Pues eso, simplemente inoportuno, mala suerte. Apostar al caballo perdedor.

Dios ayude a Cataluña. Dios ayude a España. Y a sus obispos. Pero sobre todo, hoy, que ayude a una de las pocas personas realmente íntegras que conozco. Un hombre, un cura, que a pesar de llevar sotana, se viste por los pies todos los días. 

VCR

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