¡VERGÜENZA!

Hoy celebramos la Festividad de los Santos Inocentes. Una fiesta que siempre se ha asociado a las bromas. Pero que yo, desde que descubrí su verdadero significado y su relación estrecha con la matanza del aborto, no lo dedico a bromear estúpidamente, sino a conmemorar a los niños muertos por el genocidio abortista.

Y lo hago hoy saliendo de mi casa muy temprano, de noche aún. Me encamino a la capilla de la adoración perpetua de mi ciudad, y paso la primera hora de mi jornada allí, con Jesús, rezando. Adorándole y pidiéndole por los niños inocentes asesinados, por sus madres violadas, engañadas, dolientes… Por los valientes que hoy luchan, y muy especialmente por Jesús Poveda y los defensores de la vida que hoy han dado la cara por ella, llegando incluso a ser detenido por la policía.

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Nuevos herodes se levantan contra los hijos inocentes, dejando a madres destrozadas y un rastro de sangre.

Los esbirros de esos herodes matan, quemando, ahogando, o despedazando, a los niños por nacer, mientras el mundo mira a otro lado. Los asesinos no cesan en su trabajo. El dinero de sangre que llena sus arcas es el dios al que adoran, como ayer era el poder el que se defendía en la matanza de Belén.

Para comprender bien este día de Inocentes, recomiendo este artículo de nuestro blog de cabecera, Contando Estrelas, titulado: “Aborto en España: más de dos millones de razones para sentirnos muy avergonzados.

En él, nuestro amigo Elentir explica cómo el aborto es una monstruosidad legalizada sobre una burda mentira, pues nunca puede existir el derecho a matar a un ser humano. El aborto se legalizó diciendo (está escrito en las actas del Congreso), que lo que se mataba no lo era. Pura mentira y disparate científico.

Esta ley de derecho a abortar nos pone también a la altura moral de los esclavistas, continúa explicando el artículo, pues éstos también defendieron el esclavismo como derecho irrenunciable. Es además, un suicidio demográfico, social, económico y cultural. Y nos advierte que el próximo paso será censurar toda crítica a este crimen del aborto, aplicando leyes coactivas, manipulando el lenguaje, etc. ¡Ya sabemos!

Yo asiento plenamente con la conclusión del artículo: me niego a respaldar con mi silencio este horror, por el que los españoles deberíamos sentir una profunda vergüenza.

Esa es la palabra: vergüenza. La que podemos sentir los que nos queda un poquito al menos. La que podemos sentir los que no nos caen bien las “fotos de perfil” y no sabemos ni queremos ver cómo pasa la historia trágica de este genocidio, sin hacer nada.

Porque una de las consecuencias más terribles de la aprobación por el Partido Socialista, hace seis años, de la ley del aborto, y la posterior confirmación de la misma por Rajoy, es la denigración moral de los ciudadanos. Muchos que se oponían -y muy activamente- a la matanza, ahora no hablan de ella, la dan por buena, la aceptan como “mal menor” (no vaya a ser que venga podemos y… ¿traiga el aborto? ¿nos inunde la ideología de género? ¿suba los impuestos?).

En definitiva, hay un pacto no escrito para dejar a Rajoy gobernar sin sobresaltos morales, no vaya a ser que la economía (ay, el dinerito…) se nos estropee…

¡Vergüenza! Y más vergüenza cuando se trata de hombres de Iglesia, de católicos de boquilla, o incluso de pastores. Cuando se trata de medios de comunicación eclesiásticos, de cofradías “mudas” ante el aborto, y que llevan el nombre de Cristo y de la Madre, incluso de instituciones “provida” que se conforman con una labor de asistencia -meritoria- pero no de resistencia (como dice el mismo Dr. Poveda) al mal.

No hace mucho, como quizás recuerden los incondicionales mosqueteros inconformistas, me “trolearon” en las redes sociales por el “delito” de haber llamado asesino a un médico abortista de mi provincia, que se carga una media de MIL NIÑOS al año.

Había que tratarlo entre algodones, llamarlo por su nombre e invitarlo a comer. No, no es broma: ¿Os imagináis a las madres y familiares de los Inocentes de Belén, invitando a comer a los soldados de Herodes, para así convencer a éstos de que no maten a sus hijos? Pues esa situación se dio y yo la vi y la viví.

Falta de criterios, falta de formación, confusión de ideas y sentimientos, cobardía a raudales… Esa también es la tragedia que deja el aborto, y no solo un reguero de sangre en los abortorios.

Aún así, yo -y muchos- continuamos luchando con esperanza. Aunque Dolors Monserrat se resiste a hacer públicas las cifras oficiales de los abortos realizados en España en el año 2015, como dice la Dra. Gádor Joya, sabemos que la tragedia es inmensa.

Pero nuestra esperanza en un mundo sin ningún Herodes que mate a niños, es cierta… De hecho, Uno sobrevivió, burló la muerte, burló a Herodes. Y ese mismo fue el que “hizo nuevas todas las cosas”.

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