“BLOOD MONEY” PARA UN DEPORTIVO ROJO.

Sus señas de identidad son, que se sepa, un Mercedes deportivo color rojo. Y un velero con el que se fotografía en su perfil de redes sociales. Cuestión de aficiones, cuestión de dinero. Nada que objetar.

Quizás también se señale por su coleta, su andar algo desgarbado, y su look estilo progre-podemita-adinerado. Cuestión de imagen. Nada que objetar.

El tema viene en cómo ha llegado ese dinero hasta él. Cómo ha amasado esa fortuna que disfruta con caprichos tan… llamativos. Y comprobar que esos objetos de deseo que tocan sus manos los ha adquirido con dinero de sangre… BLOOD MONEY.

No sabemos cómo ese carísimo cochazo llegó a sus manos, si lo trajo importado, si fue al concesionario, o si lo compró a alguno de sus amigos -también con “posibles” todos ellos, que les permiten esos lujos-. Es lo de menos.

Él se encapricharía hace tiempo de esta monería de cuatro ruedas. Lo mismo que del yate que también muestra ufano, atracado en un puerto de lujo del litoral andaluz…

Y se pasea feliz en el bólido por las calles del casco antiguo de esta ciudad costera andaluza. Ciudad turística e histórica. Pero también ciudad donde hay desempleo, inmigración, barrios marginales, conflictos… Él ha llegado a decir a alguno que se atrevió a hablarle, que “no le importa el dinero, que lo hace por el bien de las chicas…” (???). ¿Hay algún ingenuo que se lo crea?

Lo cierto es que su mercedes deportivo ruge por esas calles, y lo trasporta a su “clínica”, donde él amasa su fortuna. Una clínica que debería servir para sanar, dar vida. Pero que sin embargo sirve para matar, acabar con la vida. Un contenedor de basura, el único en toda la calle, marca el trágico lugar.

Porque esa fortuna que amasa en esa bonita ciudad, a escasos cien metros de la bella iglesia principal de la misma, en una solitaria y triste calle, proviene del aborto provocado de más de mil niños al año, unos 20 a la semana.

Sus madres, como en procesión fúnebre, van entrando -soy testigo- dos días a la semana en ella. Son acompañadas por las abuelas de esos niños, por sus novios (padres a veces despreocupados, a veces sufrientes…), por sus amigas, o por sus parientes… Ninguna sonrisa en sus labios.

A veces, las mamás vienen con los hermanos mayores de esos niños, con los que nunca podrán ya jugar. O son incluso arrastradas literalmente por sus propias madres, ya abuelas, que quieren hacerle ese “favor” a sus hijas, y “librarlas” de la carga de un hijo inesperado para que “no sufran la carga de un hijo”. No saben que la condenan a ser madres de un hijo muerto durante toda su vida. No saben que siempre lo recordarán. No saben lo que hacen…

Pero volvamos a nuestro bólido, que es el protagonista de estas líneas. Su color rojo es llamativo. Color de sangre, de vida, pero en este caso es sangre derramada. La que corría ya por los cuerpecitos de los niños que cada día mueren en el abortorio donde su propietario trabaja.

El dinero con el que se compró el Mercedes proviene en parte de nuestros bolsillos. ¿Lo sabías? Los abortos se los subvenciona la Junta de Andalucía. Como en todas las administraciones autonómicas de España. ¿Cuánto puede ganar en una sola tarde o una mañana de “faena”?

El coche del “blood money” sirve para todo -lo he visto-: transporte de cajas con (imagino) material para el genocidio que se perpetra allí. Recogida de otras cajas y contenedores que no se qué podían contener (y no lo quiero imaginar), etc…

En alguna de esas cajas con material leí: “historias”. Serían las de sus víctimas: jóvenes mamás engañadas, adolescentes muchas, violadas hasta las entrañas por un abortero sin escrúpulos, maltratadas por una sociedad que les empuja a abortar. Y niños tratados como desechos biológicos y no como seres humanos. ¿Hablarían esas historias de la realidad profunda que hay detrás de cada una de esas madres? ¿Hablarían de sus miedos, de lo que les han dicho su entorno, su familia, sus mayores, sus novios, sus amigas…? ¿Hablarían esas historias de lo que les pasará cuando recuerden a ese niño que dejaron en ese abortorio, en una cubeta, a manos de ese supuesto médico con coleta?

Desde hace un tiempo Derecho a Vivir acude a ese centro de la cultura de la muerte. Manifestándose para proclamar la verdad a toda la ciudad, y participando en una vigilia continua de oración a las puertas de la misma.

Hemos visto mucho estos días. Mujeres destrozadas, padres empujando a sus hijas, novios llorando, otros riendo. Y  alguna, por pura Gracia, arrepintiéndose en el último momento, bendito sea Dios.

Pero he visto también a unos vecinos, alrededor de ese abortorio, acostumbrados a lo que allí se perpetraba. Inermes ante el crimen. Otros incluso creyendo que con entendimiento y silencio se podrá combatir el aborto. Muchos, hartos de convivir con esto.

Al aborto, digámoslo alto y claro, solo se le combate con educación (concienciación), acción, y con oración (si eres creyente). Y esto de forma sistemática y perseverante.

Y con la unión de todos los defensores de la vida, unión en la verdad, acentuando las cosas que unen y no que puedan separar. Y digo Defensores de la vida, que no simples providas. De esos, los hay a patadas. Hasta en política.

No podemos dejar que sigan circulando los grandes coches deportivos, comprados con dinero de sangre. No podemos dejar que esas procesiones fúnebres continúen marchando por esa calle solitaria de esa bella ciudad en el sur de España. Ni por ninguna otra.

Ese empresario-médico-abortero es el responsable -llamémosle como queramos- de miles de abortos de niños. Y de miles de mujeres desoladas con síndrome post-aborto. Un día tendrá que rendir cuentas. Dios tenga antes misericordia de él.

Mientras tanto, seguiré rezando cada día por él y por sus víctimas. Y también por mí mismo. Para que nunca jamás me acostumbre al crimen más abominable de nuestro siglo.

 Pedro A. Mejías Rguez.

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