CARTA A UNA ABUELA EN LA PUERTA DEL MATADERO

Querida abuela:

Ayer te conocí. Te vi solo unos dos o tres segundos. Pasaste rauda y veloz, cual atleta olímpica de lanzamiento de martillo o disco. En rápidos movimientos lanzaste el paquete que arrastrabas hasta dentro del centro de abortos, del matadero donde te dirigías.

Un paquete compuesto por tu hija adolescente y por tu nieta en su vientre. Quiero pensar que quizás era una niña preciosa como su madre.

Gabriel de espalda

Tres mujeres entrando en ese matadero. Solo una salió viva. Otra hallará la muerte por quemaduras en solución salina o por descuartizamiento con un cuchillo.

Y la otra saldrá “muerta en vida”. Aparentemente quizás piense que se ha liberado de un estorbo inconveniente en su vida. Pero la muerte de su hijo o hija la recordará siempre.

Te vi solo un instante. Sí. No querías pararte ni que los voluntarios nuestros pudieran ni acercarse a tu hija embarazada. Fuiste muy rápida sorteando contenedores, esquivando voluntarios (estábamos varios en la puerta del abortorio). Quizás temías que tu hija fuese a cambiar de opinión si nos oía un momento. Si escuchaba de labios amigos y comprensivos que podía recibir ayuda. Que no tenía obligatoriamente que abortar. Que hay otra opción: ser feliz con su hijo, apoyada por gente experta.

Las lanzaste dentro de ese lugar silencioso y oscuro que es el centro de abortos, el abortorio (nunca lo llamaré “clínica”).

Las traías arrastrando por la calle. Cuando nos viste aceleraste más aún el paso. Y las lanzaste como un saco, como un despojo.

Ella, tu hija, lloraba. A una voluntaria, Maripaz, le dio el tiempo justo a darse cuenta de ello. Las mujeres tienen un sentido especial para eso.

Estoy seguro que si nos hubieras dejado… Que si hubieras tenido la “deferencia” de soltar un momento ese “paquete” de hija y nieta que arrastrabas como pesado saco… (¿de células?) Que si hubieras sido solo un poquito más educada y haber dejado a tu hija escuchar un segundo… tu nieta viviría hoy.

Ahora seguirás siendo abuela. Pero esa preciosa bebé ya no la verás nunca. Su cuerpo estará en las cloacas de esa bonita ciudad del sur de España, en que se sitúa el centro de muerte que la afea, donde ayer acudiste. Con prisas. Agarrándolas fuerte como carcelera… Como si te pertenecieran sus vidas. Como si fueras tú a arreglárselas y no a destruirlas…

Sin embargo su alma pasará al cielo, a formar parte de esa corte de ángeles que lo habitan. Con la Virgen María. Hoy precisamente es el día de la Señora de los Ángeles. Fíjate. No me creo que una mujer de tu edad no le rezara nunca…

Ahora, cuando le reces, sabrás en lo más íntimo tuyo, que ahí está tu nieta.

Esa nieta -la llamaré siempre Mariángeles– que no estuvo sola ayer. Un equipo de valientes voluntarios estaba a la puerta del matadero. Acompañando a esos niños que no verán la luz del sol. Pero que verán otra LUZ más radiante aún, más blanca, más limpia.

Reza por tu hija, la chica preciosa de ojos llorosos. Yo lo haré también. Pídele perdón. Hay gente muy capaz que sabrá ayudarla.

Y perdónate tú misma. Creo que ya empiezas a saber lo que hiciste. No en vano allí estaban esos defensores de la vida. Nos viste. Esquivaste la mirada. Arrojaste a tu familia dentro del pozo negro. Pero allí estaban…

Tu hija, estoy seguro, te dará otros nietos. Y volverás a saber qué es la felicidad.

Mariangeles te estará esperando en una playa del sur de España, con un juguete, esperando que juegues con ella en la orilla. Ese día podrás también pedirle perdón a ella.

Un abrazo y un beso… Abuela.

 

 

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2 comentarios en “CARTA A UNA ABUELA EN LA PUERTA DEL MATADERO

  1. La “abuela” lo tenïa clarísimo. Lástima que no se diera cuenta de su error.
    Y es que el problema es de educación infantil.
    La sociedad “educa” a los individuos lejos de la ética, haciéndoles creer que lo ideal es la “funcionalidad”. De ahí el abandono de los ancianos, cua. ¿Cuándo, cómo y dónde?. ndo ya no le son útiles, y de los “fetos”, cuando no son embarazos deseados.
    Y lo peor, querido Pedro Antonio, es que eso está tan enraizado entre los “progresistas” que hoy imperan por doquier, que resulta muy difícil combatirlo, pues la única arma letal de esa ignominia es la formación de la conciencia desde la moral natural; algo absolutamente prohibido por los poderes fácticos.
    Pero no olvidemos las palabras de Jesús: “Todo lo que pidáis al Padre en Mi Nombre se os otorgará”. Perseveremos en la oración y en acciones como la que habéis llevado a cabo.
    Un abrazo

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