Circuleando: DISLEXIA EMOCIONAL (Ya están aquí, 3)

Es necesario hacer frente a la dislexia emocional que existe en el ambiente, con serenidad, con esperanza, con valentía.

Cristo de Masaccio

Sí. Es verdad. Noto en el ambiente un nerviosismo poco normal. Casi diría que es lo natural, con lo que se nos viene encima… Me refiero a la situación política que tenemos últimamente.  Me refiero a que… ¡Ya están aquí! Los frentepopulistas, los comunistas viscerales… Y en el lado opuesto, los que no quieren o les asusta montar gobierno, como futbolistas a los que les quema la pelota, o toreros a los que les pesa la muleta y no quieren arrimarse… Políticos, en definitiva, que no se enteran, o que solo quieren una poltrona…

Debo decir que lo que llamo dislexia emocional es un término que no es mío, pero que me viene al pelo para esto que os comento hoy en el diario mosquetero.

Porque quizás, en algunas personas que estoy tratando últimamente, ese nerviosismo o esa ansiedad, sea desmedida. Esté errada.

Personas que le empiezan a echar flores a los que han sumido a España en un caos: los del puño quebrado y la rosa marchita. Los del PSOE.

Y personas que olvidan y perdonan a los verdaderos culpables de esta situación, a quienes han instaurado el zapaterismo ideológico en nuestra patria: los de la gaviota triste y rastrera, encerrada -encarcelada- en un “círculo”… Los rajoyos y sorayos, responsables por acción u omisión de la postración de España.

Algunos discuten desaforadamente, te quitan la palabra, hacen comentarios, hacen publicaciones de forma compulsiva insultando a los podemitas…

Porque la situación es realmente preocupante, pues

Un Gobierno de PSOE-Podemos nos traería sufrimiento. Con Sánchez en la presidencia, a los ciudadanos conservadores y liberales nos tocaría atravesar el desierto, como ya hizo el Pueblo de Israel cuando huyó de la esclavitud de Egipto. Y el desierto es duro, muy duro. (Ignacio Arsuaga, en un artículo que os recomiendo vivamente)

El futuro no es halagüeño. Sí, nos tocará sufrir. Y mucho.

Pues bien, para esas personas, sumidas en el nerviosismo por la poltrona o por el bienenestar emocional patriótico, lo que yo llamo la dislexia emocional…

O para esas otras,  presas de tristeza o desesperanza, con verdadero dolor patrioLes regalo hoy este artículo publicado hace unos días, titulado Una mezcla de tranquilidad y esperanza. Una pieza de verdadera confesión de fe. De verdadera fe cristiana. Una joya que rescato para los incondicionales mosqueteros que aún me leen.

No es nada pesado ni largo, y nos puede aportar muchísimo. Yo quisiera releerlo muchas veces. Me identifico plenamente con el.

Ciertamente, hay incertidumbre en el ambiente. Incluso miedo. Es necesario, por tanto, valentía, esperanza, altura de miras… Si no la tienen los cuatro líderes (por llamarlos de alguna forma, claro) más votados, tengámosla nosotros, mosqueteros.

A ello os conmino. Los tiempos lo requieren. Estemos dispuestos a todo!!

Os dejo con esta sublime reflexión. Una auténtica proclamación del credo católico en la pluma de un amigo. Espero os sea de tanta ayuda como a mí.

Ah, se me olvidaba: la autoría, como siempre, es de nuestro Elentir.

UNA MEZCLA DE TRANQUILIDAD Y ESPERANZA

Últimamente me siento un poco extraño entre muchos compatriotas. Veo mucho nerviosismo, intranquilidad y desesperanza entre quienes sienten que España va por muy mal rumbo.

Hay, desde luego, motivos para sentirse preocupados, siempre que lo entendamos como lo opuesto a la indiferencia ante el estado de cosas que vivimos, y no como una sensación de ansiedad. Yo estoy preocupado, pero también estoy tranquilo y conservo intacta mi esperanza. No digo nada nuevo para quien lleve años leyendo este blog. Ya he hablado alguna vez del concepto de “Estel” formulado por Tolkien, que se entendía como una esperanza más allá de toda esperanza, la certeza de que el Bien prevalecerá incluso cuando todo parece ir mal. Pero en esto Tolkien no expresaba una idea original, sino que plasmaba su fe católica. Su “Estel” era lo mismo que animaba a los cristianos a cantar cuando eran martirizados en el circo romano, algo que sacaba de quicio a Nerón. ¿Y qué esperanza puede haber ante la certeza de que vas a morir?

Quienes creemos en un alma trascendente y entendemos la existencia como un camino que no acaba en el final de esta vida, sino que se extiende más allá de la muerte, tenemos motivos para sentir miedo de que nos arrebaten esta vida, pero no porque nos sintamos al borde del vacío de la inexistencia, sino por la posibilidad de que ese momento nos llegue sin estar preparados. Yo no me afano por consumir esta vida como un castillo de fuegos artificiales, sin perder una sola ocasión de entregarme a la diversión o al placer, sólo para sentir en el momento de mi muerte que no he desperdiciado mi paso por aquí. Antes bien, entiendo la vida como una misión, en la que estamos llamados a hacer el bien aunque no lleguemos a ver en esta vida los frutos de nuestras buenas obras. Sé que algún día Dios me pedirá cuentas de cómo he desempeñado esa misión, y el único temor que le tengo a la muerte es por la posibilidad de llegar ante Él con las manos vacías.

Alguna vez os he dicho que mi compromiso con la sociedad en la que vivo lo entiendo como algo que rebasa mi horizonte vital. Me encantaría poder cambiar muchas cosas y llegar a ver esos cambios, pero si lograr un mundo mejor, más libre y más justo exige que yo asuma un esfuerzo cuyos frutos no veré, daré este tiempo por bien empleado si otros llegan a ver aquello por lo que yo haya luchado. Muchos de nuestros antepasados lucharon y se sacrificaron para dejarnos un mundo mejor, a veces sabiendo que ellos no llegarían a verlo. No puedo olvidar a tantos que cayeron en los campos de batalla, martirizados por su fe o asesinados por las balas y las bombas de los terroristas, negándose a ceder ante el mal, porque sabían que el Bien, la Libertad y la Justicia son causas nobles por las que incluso merece la pena arriesgar la vida. Traicionaríamos su memoria y su sacrificio si nos rindiésemos ante nuestras dificultades, sin duda menores que las que afrontaron ellos. No tenemos derecho a hacerles eso. Tenemos la obligación moral de merecer la sangre que derramaron por nosotros, haciendo lo posible para estar a su altura. Por eso estoy tranquilo y no pierdo la esperanza. Os animo a no perderla y a no ceder ante el mal, aunque a veces tengamos la errónea impresión de que la cosa no tiene remedio. No podemos dejarnos vencer por la cobardía, por el derrotismo, por la tibieza, por la indiferencia o por la apatía. Nuestros padres y abuelos, y los españoles que están por venir, demandan de nosotros una gran altura de miras y un espíritu firme y resuelto en estos tiempos que nos ha tocado vivir. Que nadie pueda decir de nosotros, el día de mañana, que preferimos cruzarnos de brazos y mirar hacia otro lado.

Elentir

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4 comentarios en “Circuleando: DISLEXIA EMOCIONAL (Ya están aquí, 3)

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