Circuleando: ¡YA ESTÁN AQUÍ!

Parecía imposible pero ya están aquí: los vándalos secesionistas en el parlament catalán; los vándalos populistas en la Carrera de San Jerónimo. Zafios, iconoclastas, liberticidas.

¿Que cómo han llegado? Por lo mismo que llegaron Muza y Tarik a la España del siglo VIII. Porque alguien les abrió la puerta desde dentro.

Así termina la breve pero magnífica reflexión que Alfonso Basallo (artículo titulado Por qué perdimos la guerra) hizo ayer en nuestro Diario de cabecera: Actuall.

Os recomiendo a todos la lectura. Es esclarecedora del panorama político ante el que nos encontramos. Y ante el show mediático que montaron los podemitas en el Congreso la semana pasada.

Porque, como suele pasar, coincido en todo con el autor, pero más especialmente en la pregunta que se hace: ¿cómo ha podido pasar? Y en la respuesta que nos da. O sea, el análisis certero. Ese es el punto. La cultura. Sí. La cultura.

Pues si patético resulta el desfile de personajes con raftas, niños mamando (y mira que me gusta la escena, pero un poco de respeto… al niño sobre todo, y al trabajo que ejecutaba también), lloriqueos varios, gestos para la galería, promesas de lealtad a la Constitución a cuál más surrealista…

Pues si todo eso es deprimente y estrafalario, más aún lo es el cómo están ahí: ganando la batalla cultural. Con el permiso (y el enorme error estratégico de creer que les favorecería) de la derecha, claro. Y el silencio cobarde y traidor de una izquierda democrática que tiende a disolverse, cual azucarillo, en el negro y amargo café del radicalismo.

Lo que escribe Basallo no tiene desperdicio:

Siguiendo a Gramsci, la izquierda ha tenido la habilidad de mudar de piel y dar la batalla no en la lucha de clases o en la economía, sino en la cultura. Ha captado perfectamente la idea: si tu quieres transformar una sociedad no tienes más que hacerte con los libros de texto y las series de televisión. Y llevan décadas aplicados a esa tarea, troquelando cabecitas de españoles. Primero con las leyes educativas del PSOE, que sustituían conocimiento por adoctrinamiento, y mérito y esfuerzo por subvención; y que inyectaban relativismo en vena, haciendo creer a los escolares que no existen verdades objetivas.

Y después imponiendo patrones de conducta con las series de televisión. Si, como reza el axioma de McLuhan, somos lo que vemos, a nadie debería extrañarle que los hijos de la televisión basura hayan llegado al Congreso ataviados como trolls y orcos.

Es una verdad como un templo. Y yo añadiría muchas más cosas: festivales, cultura pagada por todos a nivel municipal, obras de teatro, congresos, conferencias, cine… Todo muy progre y muy políticamente correcto. Inoculando en vena la disolución paulatina de la familia, la destrucción del concepto de matrimonio natural, inyectando las ideas de la dictadura gay, aspirando el cloroformo de la ideología de género por los poros: cuentos infantiles, expresiones artísticas de todo tipo, etc.

¿A qué nos extrañamos? La fealdad ha tomado el Congreso. Los orcos están aquí, rindiendo pleitesía a la cultura de la muerte. Los liberticidas, como en la Alemania de los años 30, han llegado democráticamente. Subvencionados por el petróleo iraní y venezolano, y con ganas de quedarse.

Pero lapidario es lo que sigue, del mismo artículo:

¿Y qué hacía la derecha mientras le comían la tostada de la cultura? Nada. Eso es lo que hacía. Se dedicaba a su monotema, la economía, a repasar una y otra vez las cuentas con su caligrafía de contable con manguitos y antiparras.

Desperdició la gran oportunidad de la mayoría absoluta en tiempos de Aznar para arreglar el desaguisado de las leyes deseducativas del PSOE…

Rajoy dispuso de otra holgada mayoría parlamentaria, tras la tierra quemada dejada por Zapatero… Y permitió que las tertulias de televisión, las sitcom, los reality shows, los telediarios, los informes semanales, estuvieran en manos de sus rivales.

Y termina de forma concluyente, pese a quien le pese:

¿Pasividad?, ¿miopía?, ¿complejos?, ¿por qué la derecha ha permitido que la izquierda se haga con el arma poderosa de la cultura? El arma capaz de alterar la fisonomía de un país, al reescribir la Historia; de manipular el lenguaje; de cambiar las mentalidades como si fueran un calcetín; de dominar a todo un pueblo mediante la ingeniería social.

Por eso se pierden este tipo de guerras. Porque se olvida la batalla de mayor calado: la de las ideas, creyendo que las únicas decisivas son las batallas de los números.

Decir esto no es agradable para nadie. Ni para mí, que tengo que escribirlo, ni para tí, incondicional que has tenido la paciencia de llegar hasta aquí, que tienes que leerlo. Ni para nadie, pues todos tendremos que sufrirlo.

Pero ya lo dijimos y advertimos:  Si no hacemos nada por defender los valores en los que creemos… Otros vencerán. Y no porque sus valores e ideas sean mejores que las nuestras, sino porque nos habremos resignado.

La economía podrá estar estupenda -que no lo está, ni mucho menos-. Pero España se hunde.

No te asombres por las raftas en el Congreso, Mariano. Has trabajado mucho y bien por ellas. LLegaron. Les abriste la puerta.

@petrusquinta

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