LA LUMINOSIDAD DE “LITTLE BOY”, FRENTE A LA OSCURIDAD DE LOS “JALOGÜINES”

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Hoy he ido a ver la película Little Boy, mientras San Fernando es ciudad fantasma. Como todas las ciudades españolas, seducidas por la fiebre jalogüiniana importada de norteamérica… Y olvidando poco a poco las tradiciones españolas y católicas. Las nuestras propias. 

Pero he aquí que hoy he tenido dos alegrías contrapuestas a esta fealdad impuesta de Jalogüín: esta de la película LITTLE BOY, que he ido a ver a Cádiz con mi familia (la echan en muy pocos cines), y el Encuentro de Rescatadores de Barcelona, del que mis hermanos provida de allí me dan noticia y que ha sido magnífico, con la presencia de Jesús Poveda entre otros.

Como hablo únicamente de lo que conozco y de mi experiencia, os hablaré aquí solamente de una película entrañable, maravillosa: LITTLE BOY. Recomendadísima para toda la familia. Producida por el católico converso EDUARDO VERÁSTEGUI, gran provida y divulgador de las causas imposibles y los valores inalterables…

Y ha sido un auténtico bálsamo ante la fealdad impuesta desde el poder… Poder económico (hay que hacer “negocio”), poder político (hay que mover las subvenciones para esto…), y poder… que cada uno piense a qué “poderes” obedece Jalogüín, que yo no estoy como para mucha teología…

Lo que si digo alto y claro es que el Ayuntamiento de San Fernando suspendió hace una semana la Romería del Cerro y los actos allí programados… por la lluvia… ¡que nunca llegó!, sino que hizo un día magnífico.

Y sin embargo, hoy, bajo una manta agua, como aquí decimos, sale a toda costa el pasacalles de los jalogüines. Cuatro gatos -perdón, cuatro draculines- mojándose, fantasmas con paraguas y capa empapá… ¡y tó p´alante…!

Será influencias del laicismo inconsciente de Pedrito Sánchez (perdón por el diminutivo pero a este muchacho no se le puede tomar en serio), o del laicismo aberrante del Coleta chuchurría, pero es que ya es coincidencia… La misma que la del belén del Ayuntamiento de Madrid, el cementerio de Valencia, etc…

Pues bien. Que estábamos con los Jalogüines. Feos donde los haya. Niños feísimos. Disfrazados en torno a tradiciones oscuras tamizadas de carnaval… Vamos, que el colmo ha sido que el Obispado de Cádiz ha tenido que suspender expresamente dos fiestas de fantasmas organizadas por sendas cofradías gaditanas. ¡La repanocha!

Qué confrontación tan grande con esto otro. Esta película que hoy he tenido la gozada de ver en familia es un canto a la esperanza, a la fe, al amor al enemigo, al distinto, al otro. A la misericordia.

Es una película que podría ser un clásico (si entrara en las grandes distribuidoras que solo con mucho dinero funcionan), bien armada narrativamente. Con una bellísima fotografía. Con unos personajes bien trabajados. Con buen ritmo. Uno no se aburre nunca -delante mía había dos niños de pocos años que iban “comentando” la película (les tuve que mandar callar) pero que no se aburrieron en ningún momento, todo lo contrario-.

Qué papelón el del niño protagonista, el del sacerdote, la madre… Y el del japonés. Sobre todo él. Creo que es la clave de esta historia.

Una historia de vida. De luz. Sí. Así la definiría. Es una película LUMINOSA de principio a fin. Y no solo en sus escenas en un pueblo de la costa Oeste americana, en los años de la Segunda Guerra, sino por la actitud de cada personaje. Por el cambio de cada uno.

Sí, es una película de cambio personal. De conversión. Cada uno descubre el camino del amor. Cada uno modela su vida “desde arriba”, asistido por la fe. Una fe que no es ñoña ni impuesta, que no es inoportuna ni “catequizante”, sino que se cuela en toda la película suavemente, a modo de valores, de virtudes: la de la caridad, la de la misericordia, la de la compasión, la de la perseverancia y la constancia. Y la del perdón. Muchos valores y muchas virtudes los que este bello film trata, y con los que se puede dialogar posteriormente.

Hoy he visto claro que a la fealdad solo se le combate enseñando la Belleza. Si, con mayúsculas. Porque la Belleza es Dios. Y aunque esta película no lo nombre, lo muestra. Porque este proyecto genial de Eduardo Verástegui habla también sobre la fe y los milagros. Y nos plantea una pregunta que el ser humano se ha hecho en todos los tiempos, desde que empezó a ser hombre: ¿existen los milagros? ¿existe lo sobre-natural? O lo que es lo mismo… ¿Existe Dios?

Yo llego a esta conclusión, después de verla: si se lucha por la vida, si uno cree en lo imposible, en las causas buenas, en las causas inalcanzables… Si, por tanto, se ama de verdad, Dios actúa. Se le ve. No hace falta explicar mucho más.

Dicho de otro modo, “un pequeño grupo de personas, activas y conscientes, puede cambiar el mundo”

@petrusquinta

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