LA ESPERANZA SE LLAMA EISHAM (Yo Soy Nazareno,20)

Eisham quiere decir “Esperanza”, en paquistaní. Para mí quiere decir eso, la esperanza, y más: Eisham significa la Fe que profesamos, y que hoy en día para muchos hermanos nuestros significa la muerte. Esa fe que se encarna en esta niña y su familia, esa fe que mueve montañas y que vimos en la Plaza de San Pedro, cuando fue recibida por el Papa.

Eisham significa también la Belleza del sufrimiento por su madre, Asia Bibi, confesora y mártir, encerrada como sabéis, en una cárcel infecta de su país, enferma y condenada a muerte. Acusada falsamente de blasfemar contra Mahoma. Un “delito” que en su país sirve para acusar a los enemigos que molestan, pero que ella nunca cometió

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Pues esta niña y su familia, de la que hablo siempre que puedo, dejó su huella en muchos corazones, cuando pasó por Madrid para el inolvidable congreso Todos Somos Nazarenos de abril. Uno de esos corazones es el de Tatiana, otra joven como ella, periodista rumana que trabaja en Madrid para Citizen Go, y que hizo una preciosa amistad con Eisham.

Creo que son como “almas gemelas”. La pureza y la claridad de sus mirada se trasparentan en ellas. Yo solo conozco personalmente a una de ellas, Tatiana. No tengo aún la suerte de haber tratado con la familia de Asia Bibi, aunque les sigo de cerca.

Aquí pongo simplemente un pequeño relato escrito por Tatiana de algunos momentos que vivió con Eisham. Ellas son así. Joviales. Transparentes.

El motivo de ponerlo es que conozcáis un poco más a esta familia de mártires, presencia de Cristo vivo entre nosotros. Y poder amarlos como yo ya los amo. Son personas normales. Pero han aceptado confesar la fe y ser mártirizados por ello.

Mi primer contacto con la familia de Asia Bibi, en concreto con la hija, tuvo lugar el viernes 17 de abril -primer día del Congreso- cuando le pedí que se hiciera una foto conmigo.

Yo, antes de ese momento (y después también), siempre la miraba con curiosidad, admiración, compasión por la situación por la que está obligada a pasar, y mucho cariño.

Con el padre no me había atrevido aún a pedirle que se tomara una foto conmigo. Él era más serio, callado, triste… En cambio a la hija, a pesar de su desgraciada situación, se le veía más animada, alegre y abierta a la hora de socializar.

Al día siguiente, sábado, 18 de abril, volví a hacer algunas fotos con la hija de Asia (y también con una amiga suya paquistaní que vive en Barcelona y que le traducía lo que nosotros le decíamos). Al medio día, al oír que iban a ir a comer a un sitio hindú, yo le propuse a mi jefe Álvaro Zulueta, que los acompañásemos los del equipo de CitizenGO a comer (tenía ganas de conocer mejor al marido y la hija de esa heroína paquistaní, encarcelada injustamente a causa de su fe). Pero Álvaro (Zulueta), al verme tan encantada de ir con ellos, me mandó a mi en representación de CitizenGO.

Para mi fue la primera vez que fui a comer a un restaurante paquistaní. Así que fui junto con el marido y la hija de Asia, la amiga de la niña, otro amigo y abogado de la familia (que los acompañó al Congreso) y otras dos voluntarias españolas. Fue un momento muy gracioso porque la comida picaba muchísimo y yo, por lo menos, era incapaz de disimularlo… Mi cara roja y mi deseo constante de beber líquidos me delataban. Como le dije a la familia de Asia, su comida para mi representaba una tortura, porque a pesar de que me gustaba el sabor, picaba “que pá que”… Y ellos no se molestaron para nada por mi comentario; por contrario, por primera vez había visto sonreír al marido de Asia. Y eso me conmovía mucho; sobre todo sabiendo que esa sonrisa se la había sacado yo con mis payasadas.

Después de la comida nos levantamos y, las chicas y yo, nos sacamos unas fotos en ese sitio tan especial. También me animé por fin a pedirle al marido de Asia que apareciese en la foto con nosotras; y aceptó. Ya tenía más confianza con él. Tanta que les enseñé unos movimientos de baile hindú que me sabía de la pelicula india “Yadoon Ki Baraat”, que vi un montón de veces de pequeña. Obviamente, como era de esperarse, se sorprendieron que conociese esas canciones y los movimientos típicos indios, y me felicitaron; mi danza parece que les alegró la tarde. Luego ya volvimos todos al hotel porque el Congreso todavía no había terminado.

Eisham, reza por nosotros. Eres una niña bendecida. Ya estamos otra vez esperándote. Eres Eishm, nuestra Esperanza.

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