LA ESPAÑA ROJA Y EL CANGUELO NACIONAL

Ante los resultados de los pactos contra-natura, pro-natura o anti-natura que vemos estos días por toda España, y ante los miedos, nerviosismos, ansiedades, preocupaciones de muchos católicos, personas de “ideas conservadoras” o de derechas, por llamarlas de alguna forma, incluso ante enfrentamientos exacerbados en estos días… me hago estas reflexiones, si los incondicionales que aún me leen me lo permiten:

1. Es cierto que hay una creciente preocupación, como digo, entre personas afines a las ideas del humanismo cristiano, provida, profamilia, entre los simpatizantes del PP de toda la vida, y en cualquier ciudadano sensato, pues una marea roja “revolucionaria” se extiende por nuestra nación, de imprevisibles consecuencias.

Esta preocupación es comprensible y normal. La izquierda extrema viene para quedarse. Produce miedo. Que si la bandera de España quitada en Cádiz (en realidad la quitó Teófila días antes de su cese, y debido a un temporal de Levante), que si los twitter de un impresentable de Madrid. Que si las pintas de los concejales. Que si… 

Y yo me pregunto… Comprendo el miedo y la indignación… Pero en lo referente al miedo… ¿realmente es justificable? ¿tan poquito creemos en nuestra fuerza y superioridad moral e intelectual?

2. Esa izquierda radical, sí, va a quedarse disparando el gasto público, para poder cumplir algunas de sus promesas de cuento de la lechera, con el consiguiente peligro económico que supone en un país en vías de recuperación.

Por tanto, un primer peligro cierto: la economía.

Y yo me pregunto… ¿a qué damos preferencia en nuestra visión de España? ¿Queremos un partido eficiente económicamente, más o menos (tampoco exageremos), un partido buen-gestor, podríamos decir, pero que renuncia a sus principios básicos de familia y vida?

3. Y va a quedarse esta izquierda para gobernar implantando el laicismo y el clientelismo, las únicas formas que sabe de gobernar. A la Iglesia se la identifica con la derecha, aunque curiosamente, sectores de ésta promuevan los movimientos radicales.

Va a haber ataques a la Iglesia, gestos desconsiderados. Es cierto. Incluso prohibiciones “inquisitoriales”, embestidas contra la libertad religiosa, a nivel local.

Esto la Iglesia no lo desea. Los católicos deseamos la libertad. Pero es un precio a pagar. La libertad no se conquista fácilmente. Digo lo mismo: es necesario plantear confrontación ideológica al laicismo, sabedores de nuestras razones. Como decía el primer Papa: “dar razón de vuestra esperanza”. No desprecios ni chanzas. Yo no publico ya chanzas en las redes sociales (aunque hay situaciones podemitas realmente hilarantes). Lo que expongo son las razones de nuestra fe, de nuestros principios.

Y como referí más arriba, paradójicamente, ciertos sectores o grupúsculos eclesiales, favorecen la ideología populista de izquierdas. No quiero ahora poner ejemplos, pero cualquier lector medianamente informado puede pensar en algunos, tanto a nivel nacional como local.

4. El populismo y la radicalización de la izquierda gobernará, presumiblemente, fomentando el enfrentamiento entre los ciudadanos y las deslealtades con la patria, como ya se ha visto en algunas tomas de posesión.

El odio y el resquemor es algo muy corriente en el frentepopulismo que se nos viene encima.

Y yo me pregunto… ¿no es menos cierto que también lo es en sectores de la derecha tradicional? Cierto que mucho menos, pero yo podría hablar de muchos casos de intentos de división, de protagonismos exacerbados, de actitudes trasnochadas, también en “nuestro lado”.

Y no digamos del “clientelismo” político. Me he encontrado con casos surrealistas de personas que no quieren hacer nin-gún-ti-po-de-crí-ti-ca, por pequeña que sea, al partido hasta ahora en el gobierno, el partido Popular. Su poder llega lejos, al sentimiento y al modo de pensar del ciudadano, agradecido y engordado (física o afectivamente) con el poder del Partido. “El Partido”. Como el PSOE en sus mejores tiempos. Haciendo clientela.

O gente que hacen esa crítica, pero en corrillos pequeños y que no se oiga en alto, por favor, que “no hay que meterse en política”…

De esto, del clientelismo, tenemos ejemplo en los medios de comunicación, controlados por “El Partido”, y que curiosamente engendraron (seguramente con el fin de aniquilar al psoe por la izquierda) el fenómeno podemita de un señor con coleta. Vaya cómo les ha salido “la broma”…

He visto gente “satisfecha” ideológicamente. Antes, en tiempos de la oposición, eran anti-aborto y declarados providas. Ahora “qué le vamos a hacer, lo importante es que los rojos no vengan“. Antes eran contrarios al gaymonio. Ahora, declarados defensores pues “también tienen derechos, lo importante es el amor“. Antes eran padres objetores a la Educación para la Ciudadanía. Ahora dicen “¿eso no acabó en tiempos de ZP?”

5. La agenda ZP seguirá en vigor. Son los presupuestos de la “Nueva Izquierda”: la desestructuración de España, la indignidad para con las víctimas de terrorismo, la ideología de género llevada a leyes como la del aborto, la de igualdad de género, el matrimonio reconocido como tal para personas del mismo sexo, la inexistente ayuda a la familia, al necesario crecimiento demográfico, la humillación a las Fuerzas Armadas, etc. etc…

Y yo me pregunto… ¿No es exactamente lo mismo que ha ocurrido hasta ahora, con la mayoría absoluta de Mariano Rajoy? La mayor mayoría absoluta de la historia de la democracia en nuestro país, y la mayor concentración de poder en un solo partido, con mayorías absolutas en ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas y Parlamento nacional. Con todos sus órganos de gobierno adjuntos.

¿Cuál es la causa de todo esto?

No seamos ilusos. No ha habido trasvase de votos del PP al socialismo o al populismo podemita. No. Sí los ha habido a Ciudadanos, en mucha menor medida a Vox (quizás por el “vacío” hecho por los medios de comunicación), y mayoritariamente los votos se han quedado en casita, escarmentados de traiciones.

El PP ha perdido dos millones y medio de votos en las elecciones autonómicas y locales de este 24 de mayo en toda España. El giro a la izquierda del PP ha fracasado. Rajoy, Soraya (que visitó San Fernando), Monago, Arriola, Villalobos, Cifuentes y demás dirigentes y asesores han traicionado a sus votantes, y éstos le han dado la espalda al PP de Rajoy. Y han hecho un flaco favor a sus candidatos locales.

Los gobiernos autonómicos y locales estarán desde ahora en manos de la izquierda más radical de Europa, que llega para quedarse, gracias a la traición de Mariano, y ante la falta de una alternativa fuerte que represente los valores de centro-derecha.

¿Y AHORA QUÉ?

Los españoles pagaremos las consecuencias: más impuestos, más paro, menos libertad y menos derechos individuales, más medidas de ingeniería social como el aborto, la reformulación de la familia o la discriminación de los cristianos en la vida pública.

Son consecuencias de la COBARDÍA y la TRAICIÓN del NEOABORTISTA DE LA MONCOLOA. No ha sido un voto de castigo. Ha sido un BATACAZO espectacular de un partido que se ha convertido en una ESTRUCTURA DE PECADO, como dijo un obispo. Un voto de ABANDONO, por la corrupción y el progresismo rojero de los varones del PP. Y el voto se ha ido para Ciudadanos, Vox, o se ha quedado la mayoría, como digo, en casa.

Volverá ese voto al PP cuando se regenere según sus principios, si sus afiliados, varones, etc, le dejan regenerarse. Le animan, le exigen, regenerarse. Lo primero, ya sabéis, echar al Gran Traidor NEOABORTISTA. Y a todos los neoabortistas con él… ¿Antes o después de las generales?

Los resultados del 24-M pueden ser un anticipo del desastre que le espera al PP en las elecciones generales de otoño, con Rajoy como candidato.

En el mismo partido empiezan a oírse voces que le piden a Rajoy que renuncie a ser el candidato y facilite la renovación del partido, prestando así un último servicio a la patria, un acto de responsabilidad altísimo. El coste de no hacerlo sería el de dejar a España en manos de quien ya sabemos.

La sociedad española necesita un partido de centro-derecha fuerte, de gobierno, que represente valores con los que se identifican millones de ciudadanos, como el derecho a la vida y la dignidad de la persona, la singularidad de la familia natural, la libertad religiosa, la unidad de España frente al desafío soberanista o el resarcimiento y la memoria de las víctimas del terrorismo.

La sociedad española está aprendiendo que ya no existe el “mal menor”, incluso que este mal menor al que siempre hemos votado, se ha convertido en un “mal mayor”… Tan grande, tan grande… como 300 niños muertos cada día… como más de cien mil abortados cada año… como medio millón en toda la legislatura.

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