UNA MADRE ENTERRADA VIVA: “YO SOY ASIA BIBI”. (Yo Soy Nazareno,17)

9788492654888Confieso que éste no iba a ser mi artículo. El domingo pasado, día de la madre, yo iba a hablar de “algunos ´picardeos´ políticos municipales” que se vienen dando en La Isla: presiones de sectores empresariales para introducir celebraciones extrañas…; ofertas wikis y friquis de partidos varios que ocultan su nombre como si estuviera maldito…; elementos en forma de armarios extraterrestres que han aterrizado en plena calle real… y en definitiva, asuntos varios que nos abruman estos días de pre-campaña.

Sí. Este artículo iba de política. Pero he aquí que se me cruza algo inmensamente más grande, menos “picardeado”, algo puro, santo de verdad, inmaculado… el testimonio del martirio que sufre una MADRE, enterrada viva, en Pakistán.

En este puente de mayo se me cruza un libro, una historia destinada a cambar mi vida y quizás la de muchos. Un libro, una historia, que tenía olvidada en algún cajón de mi mente, No del todo, ciertamente, pues es una historia famosa, actual, la tenemos presente… Pero ciertamente, nunca le había hincado el diente como ahora.

El libro lo tenía hace tiempo y lo he leído de un tirón. Es la historia de Asia Bibi, conocida para los incondicionales que aún me leen, pues su esposo y algunas hijas han estado en España un par de veces, abogando por su causa. La última vez, en el reciente congreso sobre libertad religiosa celebrado en Madrid. Y cuyo testimonio nos dejó a todos asombrados. Aquí puedes verlo y escucharlo.view

Impresionante. Míralo cuantas veces quieras. Te seguirás emocionando cada vez que lo veas. Como se emocionan los cristianos con las hazañas de sus mártires.

Este es el testimonio vivo de una mártir. Tan real como las ACTAS DE LOS MÁRTIRES de los primeros siglos. Ya hablé de la belleza del testimonio de su hija. El libro al que me refiero es fuerte, emocionante, radical. Si te lo tomas en serio, si lo reflexionas en su integridad, puede cambiar tu vida, te llegará hasta la médula. Quedas avisado, amigo mosquetero.

“Les escribo a ustedes desde el fondo de mi prisión, en Sheikhupura, en Pakistán, donde vivo mis últimos días. Puede que mis últimas horas. Es lo que me ha dicho el tribunal que me ha condenado a muerte.”

¿Como puede sentirse una mujer, humilde campesina, inocente, que su único delito fue coger agua de un pozo y fue por ello insultada…? ¿Qué puede pasar, cinco años ya, por la mente de esta madre buena, día a día, encerrada en un verdadero agujero oscuro…,? ¿Y que me dicen del sin-vivir contínuo, de la soga que se cierne cada día sobre su cabeza?

“Tengo miedo, por mi vida, por la de mis niños y por la de mi marido, que sufren: a través de mí, es toda mi familia la que ha sido condenada. Mi fe es fuerte, sin embargo, y pido a Dios misericordioso que nos proteja. ¡Me gustaría tanto volver a ver la sonrisa en sus labios! Pero sé que no viviré seguramente tanto como para ver llegar ese día. Los extremistas no nos dejarán nunca en paz.

No he matado jamás, jamás he robado… pero para la justicia de mi país lo que he hecho es mucho peor: soy una blasfema. El crimen de los crímenes, el ultraje supremo. Se me acusa de haber hablado mal del Profeta. Es una acusación que permite desembarazarse de quien uno quiera, cualquiera que sea su religión o su opinión.”

Esa es la verdad. Su falta es una mera excusa. Ella no blasfemó. Respondió a las falsas acusaciones diciendo que ella no era impura a los ojos de nadie, que solo había bebido agua en una jornada abrasadora de trabajo en el campo. Pero esa acusación es fatal y determinante en Pakistán, debido a la fatídica Ley anti-blasfemia. Las envidias de las mujeres en una aldea perdida hizo todo lo demás. Incluso la prepotencia tiránica de un alcalde-terrateniente y unos imanes integristas y sedientos de sangre… Sangre cristiana.

Pero más allá de los irrisorios motivos, si no se tratara de una tragedia fatídicamente mortal, que hoy afecta a cientos de miles de cristianos en Oriente Próximo y Medio, el perfil de Asia Bibi y el meollo de ese libro es otro: la fe, y el odio fidei que suscita a su alrededor, cuando se trata de personas sencillas, como Asia y su familia, que la viven con coherencia. “Si el mundo os odia, sabed que a mí me han odiado antes que a vosotros“, dice el Señor en Juan 15,18.

Pero… ¿Cómo es el dolor de Asia? ¿En qué consiste verdaderamente su tormento?

“No soy verdaderamente capaz de decir lo que siento. Miedo, desde luego… Está ahí, pero no como al principio. Los primeros días era capaz de reventar el tambor de mi pecho. Ahora se ha vuelto más tranquilo. Ya no me sobresalta. Las lágrimas tampoco me han abandonado. Corren a intervalos regulares… son mis compañeras de celda…

El tribunal de Nankana no sólo me ha arrojado aquí, al fondo de esta celda húmeda y fría, tan pequeña que puedo tocar sus muros con los dos brazos extendidos. De entrada, me ha quitado también el derecho a ver a mis cinco niños. Ni hablar de estrecharlos contra mi corazón y contarles historias…

Esta tarde, como cada tarde, lamento más su ausencia que la propia prisión. No poder tocarles, no poder sentirles. Daría todo lo que poseo por un instante con ellos, en casa, los seis tirados sobre la cama familiar…

¡Dios mío, cómo añoro esos momentos! Sí, Dios, justamente: el mío, aquel por el que me hallo aquí hoy. ¿Cuánto tiempo deberá durar aún mi agonía? Yo era una buena cristiana antes de todo esto, y si echo tanto de menos a mis niños es que debía de ser, también, una buena madre. Entonces, ¿por qué se me castiga hoy? Mi marido me halló tan virgen como María el día de nuestra boda…”

Por eso, el martirio de Asia es el martirio de todas las madres cristianas. Es desgarro de todas. El grito silencioso de todas. El sufrimiento de María Virgen, Desolada al pié de la Cruz.

Por eso, la defensa de la vida también es la defensa de la libertad para Asia Bibi. Ella es hoy la madre. Imagen de la Madre Sufriente, madre de Jesús y madre nuestra también. Ese el el sentido profundo e íntimo para un creyente. Dios mismo tomó cuerpo en María. Hoy toma cuerpo en su Iglesia sufriente. Hoy, toma cuerpo en Asia Bibi.

Por eso también, todos somos Asia Bibi. Hombres y mujeres, creyentes o no, pues se trata de la libertad esencial e innata del ser humano. Sabios o ignorantes, de toda condición. Todos somos Asia.

Isha, hija AsiaBibiEs la causa de nuestros días. Si ella muere, la tiranía del Maligno habrá vencido esta batalla. No es por tanto una cuestión de “marketing” o de solidaridad internacional, no. Es una cuestión vital. Es el símbolo de nuestros ser o no ser como hombres y mujeres libres, por ser hijos de Dios.

En el libro, escrito en colaboración con la periodista francesa Anne-Isabelle Tollet, recorre con sencillez el proceso de falsas acusaciones y los sentimientos de Asia y los de su familia, fundamental en toda esta historia. Así como todo el ambiente asfixiante fundamentalista del Pendjab paquistaní.

Porque para entender a Asia Bibi es necesario conocer a su familia. La belleza adolescente pero de fe y convicciones maduras, de su hija Eisham, la más pequeña, (su nombre significa Esperanza), que ya se comentó en este blog, y que hizo emocionarse a todos los que la vimos llorar en su intervención del congreso. También la serenidad y la humildad de Ashiq Mashiq, su marido. Su rostro es el de Cristo sufriente.

Y para conocer toda la situación de nuestros hermanos cristianos en Pakistán y otras zonas de Oriente Próximo, así como también ese “odio fidei” del que hablo, es preciso saber las condiciones sociales y el ambiente integrista en que se mueven. Nos cuenta la misma Asia bibi:

No soy instruida, pero sé lo que está bien y lo que está mal. No soy musulmana, pero soy buena pakistaní, católica y patriota, devota de mi país como de Dios. Tenemos amigos musulmanes. Ellos nunca han hecho diferencias. Incluso si la vida no ha sido siempre fácil para nosotros, teníamos nuestro sitio. Un lugar que siempre nos ha parecido suficiente. Cuando se es cristiano en Pakistán hace falta, por supuesto, bajar un poco los ojos. Algunos nos consideran como ciudadanos de segunda clase. No tenemos más que empleos ingratos, las peores tareas nos están reservadas. Pero mi destino a mí no me disgustaba. Antes de toda esta historia, yo era feliz con los míos, allá en Ittan Wali [la aldea de Asia].

¿Se puede tener más el espíritu cristiano? Solo leerlo me colma y me sobrepasa. “Devota de mi país como de Dios”. ¿Es que se puede amar a Dios de otra forma que no amando a tu país? ¿Es que se puede amar a tu país y no amar al que, como padre providente, te lo ha dado y te ha puesto en él?

¿Y qué decir de eso de “bajar un poco los ojos” y de “yo era feliz con los míos”? Alguien acostumbrada a humillarse, pero que vivía feliz con su lote. Realmente, este libro me ha llegado al corazón, como si leyera las Actas de los mártires cristianos… Solo que está pasando hoy. No es historia. No es tampoco un sueño. Es real. Mis amigos conocen a su familia, les han abrazado, tocado, han comido con ellos. Les han mirado a los ojos. Esos ojos acostumbrados a bajarse…

Y aún hay más:

“Si, por un milagro, no me matan en mi celda antes de ser juzgada, seré asesinada de todas maneras…

Tengo la impresión de haber caído en un agujero negro sin fondo del que no me puedo liberar. Espero, pues, mi hora con pavor. Si soy declarada inocente, no doy un duro por mi vida en Pakistán. Hará falta que otro país me adopte, pues el mío no me quiere. Estoy condenada a huir de mi suelo natal tan amado, pero la rabia que he acumulado en prisión estos dos últimos años me da la fuerza de querer continuar viviendo en el extranjero con mi familia, amenazada de muerte también.”

La losa que pesa sobre esta familia aún si sale en libertad: una fatwa, una condena a muerte que los extremistas musulmanes, incluidos sus propios antiguos vecinos, prometen ejecutar en el caso de que sea liberada por la Justicia u obtenga el indulto presidencial, manteniendo que ofendió al islam.

La familia solo dispondría de tres días para ponerla en un lugar seguro. Ello implica dejar el país y un operativo de seguridad impresionante (seguramente seguramente privada, pues los gobiernos se ponen de perfil) a base de helicópteros, escoltas, etc..

“Teniendo que abandonar Pakistán, preferiríamos estar entre los españoles si liberan a Asia, porque la gente española nos ha mostrado su amor. Nunca olvidaremos ese amor”, declara el marido de Asia.

Y la prueba de ese amor la escuché precisamente en esa interviención, de labios de Miguel Vidal, el portavoz y alma mater de Más Libres: “cuando Asia sea liberada, estamos dispuestos si hace falta, a que desaparezca Hazteoír, Más Libres y Citizen Go porque dediquemos todo lo que tenemos, todos nuestros recursos, a traer a España a esta familia.” Y viniendo de él, no lo dudo. Ya saben los enemigos a los que tanto molestamos como hacernos desaparecer: ayudando a que Asia sea liberada. TE TRAEREMOS, ASIA. Cueste lo que cueste.

El compromiso con esta madre enterrada viva ahora, -pero que se sabemos que un día nos será devuelta a nosotros-, es definitivo. El mismo compromiso que yo, hoy, me hago públicamente. El de difundir su historia. Dar a conocer este libro. Contribuir con todas mis fuerzas para un día poder besar y venerar a quien es mucho más que el símbolo de la libertad: es el auténtico signo de la Maternidad, de la Vida. De la Fe inamovible, de la Inmaculada Madre.

Dios me da cada día la fuerza de soportar esta terrible injusticia, pero ¿por cuánto tiempo todavía?… Le pido al Señor todos los días sobrevivir a esta miserable existencia, pero siento que me fallan las fuerzas, no tengo ya la misma fortaleza que antes, e ignoro cuánto tiempo puedo aún resistir a tanta vejación.

A partir de hoy uno mi oración a la de Asia. Hago mía la suya. Me uno a ella, uniéndome a Quien es el motivo y causa de su martirio.

@petrusquinta

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2 comentarios en “UNA MADRE ENTERRADA VIVA: “YO SOY ASIA BIBI”. (Yo Soy Nazareno,17)

  1. Rezo por ella, creo que es lo mejor que podemos hacer.

    Pero todos los días me acuerdo que los gobiernos occidentales, esos que presumen de derechos humanos, son responsables de lo que le ocurre y responsables de su cautiverio. Bastaría un poco de seriedad para que el gobierno de Pakistán la liberara y para que cuidara de los cristianos. Pero los gobiernos occidentales, esos que votamos, están por otras cosas.

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