CONCHI, UNA DAMA, UN ÁNGEL.

Hay personas que pasan por tu vida como un ángel, sin hacer ruido, pero dejando una presencia amable, un momento de felicidad, un perfume de cielo… Esa ha sido Conchi para mí.
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Hablar de Conchi me resulta raro. Pues hace solo pocos meses no hubiera pensado jamás hacerlo. Y las circunstancia de su acelerada muerte me llevan a ello, desgraciadamente. Suele pasar. No sabemos lo que tenemos, ni quién está a nuestro lado, ni valoramos a las personar verdaderamente, hasta que no notamos el hueco de su ausencia.

Con Conchi me pasa eso. En realidad, se poco de ella, por lo tanto, voy a escribir lo que tengo en el corazón. Porque creo que es justo y porque me sale de dentro. Y porque me apetece muchísimo.

A ella la veía, de tarde en tarde, desde hace algo más de un año, en el sitio que ocupo de trabajo. Se encargaba de parte de la limpieza del edificio donde estamos. Y no nos cruzábamos mucho.

Cuando la veía, solo hablaba de sus hijos. Eran su orgullo. Eso sí se de ella. Se notaba al lejos. Como madre, y madre viuda, los llevaba a gala.

Había batallado mucho en la vida, quedándose sola con sus hijos desde hacía mucho tiempo, aunque contaba con muchos hermanos, y eso es un lujo hoy día.

Conchi era mujer trabajadora cien por cien. Luchadora. Y a pesar de esas cicatrices que da la batalla, era persona amable, accesible, dulce, dialogante…

La única vez que la vi protestar de algo fue con motivo de unos sucesos que me rondan la cabeza estos días. Y que nunca hubiera recordado y mucho menos puesto por escrito en público si Conchi no hubiera fallecido. Lo vengo recordando desde que me contaron lo de su fatal enfermedad, y no se si lo sabrá mucha gente. Ahora ya si, puesto que es de justicia hacerlo: Conchi aguantó en los últimos meses-años de su vida, los menosprecios y gritos por parte de un jefe déspota e inhumano.

Tal como suena. Y digo “aguantó”, porque así lo hizo. Como una auténtica dama. Sin rebelarse, con humildad. Como un ser superior, que lo era, ante un hombre maleducado y prepotente. Ese fue el único calificativo que le profirió delante mía. Prepotente.

Me lo contó todo, buscando un poco de cercanía y compañerismo, pues sabía que yo también había sufrido (aunque no lo había llevado tan noblemente como ella), a ese mal llamado “jefe”. Yo lo contrasté discretamente para cerciorarme de todo, y ahora aquí lo llevo en mi corazón. Y lo doy a conocer.

Y no lo guardo y lo pongo ahora de manifiesto con ninguna intención torticera. Lo hago porque es de justicia y creo que ella se lo merece. Ya no se lo llevará a su bendita tumba. Al menos esto no.

Gracias a Dios, este personaje indigno del cargo que ostentaba ya se jubiló. Recuerdo la cara de alegría de Conchi cuando se fue. Como si le hubieran aliviado una carga. Su preocupación era quién le sustituiría en su cargo, que por suerte ha sido una persona con humanidad y valores, que ha estado a la altura de su enfermedad y padecimientos, y de su honras fúnebres, representando digna y humanamente a la alta Institución para la que Conchi se dejó la piel por un sueldo demasiado escaso.

A ella la considero también, aparte de un ángel y una auténtica dama, una heroína del trabajo. Por todo lo escrito más arriba. Alguien que hacía bien su trabajo, y con dignidad. Valoraba lo que hacía, y se hacía valorar, por eso resalta más aún las broncas injustificadas e igniminiosas de ese jefe, que no será nunca recordado como lo está siendo su subordinada, Conchi.

Esa es la contradicción de la vida. Los últimos pasan con frecuencia a ser los primeros. La última, la más humilde, la que pasaba desapercibida, nuestra compañera Conchi, pasa a lo más alto. Los prepotentes, pasan al olvido. Y no le daré más protagonismo, pues este blog es demasiado honor para él. No lo merece.

Y por último, Conchi para mí es una bella mujer. Ya se lo decía a una compañera, el otro día. Tenía la belleza de la madurez y del sufrimiento, de la dignidad y de la vencedora de batallas. Tenía la belleza de la mujer que ama. A sus hijos, a todo el mundo. Una mujer de una pieza. Tenía la verdadera belleza. La que encandila a los verdaderos hombres.

No tuve la inmensa suerte de haberla conocido más. Pero doy gracias a Dios por ella.  Para mí fue un ángel, una dama, una trabajadora, una mujer bella de verdad.

@petrusquinta

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