GETSEMANÍ (SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS). Mi semana de pasión, 3.

Ha sido mi amiga y auténtica capitana mosquetera, Tania Fernández, líder provida en Barcelona, quien me ha sugerido que introdujera este vídeo en mi anterior artículo de Mi semana de Pasión.

Pero he creído que merecía un artículo aparte, por su significado y por lo vivido ayer, Martes Santo.

Mi hijo pequeño sale procesionando en esa bella y significativa Hermandad del Barrio de La Pastora, el barrio donde nací, el barrio donde me bauticé, y donde viví los primeros años de mi vida, mi infancia, siempre los más bonitos y añorados. El barrio que atravesaba diariamente para ir al colegio, y donde también crecí espiritualmente junto a mi colegio de La Salle y la capilla de El Cristo.

Recuerdo con especial cariño cuando mi madre me animaba a ir a ver los bautizos los sábados por la tarde, o cuando iba a misa a esa iglesia querida.

Y cómo no, recuerdo el domingo previo a que Ignacio Bustamante nos dejara, en el accidente de Santiago, cómo coincidió conmigo y rezaba, se despedía, de su Madre de Gracia y Esperanza, escena de la que escribí, y de la que volveré a hacerlo aquí, próximamente.

La Providencia ha querido que me vuelva a encontrar con La Pastora en la Hermandad de la Oración en el Huerto, que ha elegido mi hijo pequeño para hacer sus pinitos cofrades, y a la que profesa desde ahora una tierna devoción.

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Pero lo esencial de ese misterio de Getsemaní, aparte de lo folclórico y afectivo (elementos fundamentales, por otro lado, de la Semana Santa andaluza, y de toda manifestación humana), es el Misterio de Cristo, Dios-Hombre, y por tanto el Misterio del cristiano, hombre “deificado” por el Sacrificio de Cristo.

Jesús de Nazaret se encuentra en la Desolación Suprema. En las puertas del Abismo. Es hombre plenamente. Y tiene miedo, yo creo que más que al sufrimiento físico, a la soledad, como todo hombre, a la incomprensión, a la muerte verdadera, la óntica, la del ser.

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Y como Dios, posee conocimiento de lo que le espera, del Plan universal previsto por el Padre. Y sabe que en ese momento. En ese. No en otro. Debe cargar sobre su espalda los pecados de la humanidad. Los pasados, presentes, y futuros. Y todo el peso le caerá en el alma, como la presión de un océano inmenso de maldad del ser humano en su libertad, aplastando su cuerpo, más débil que nunca.

Pero, ¿como se cumple este misterio de Cristo orando en el Huerto, en mi vida? He ahí la pregunta que todo cristiano debe hacerse. De este y de todos los misterios de nuestro Salvador en su paso por la tierra, en su obra de Redención.

No se trata solo de poesías o de inciensos. De añoranzas o de recuerdos. De sentimentalismos o de tradiciones… Ser cristiano es entrar en Getsemaní. Abandonarse al Padre con hechos concretos de la vida.

Resulta que precisamente este lunes santo, un amigo, una persona que tiene una visión y un conocimiento mucho mayor que el mío sobre toda esta batalla provida que se libra en España, en el mundo, y en la Iglesia también, me hizo un anuncio de pasión. De cruz. De sufrimiento.

Porque Dios está queriendo que esta batalla se libre con sufrimiento. Y que en ella participe toda la civilización. No es solo la derogación de una ley. Es la cultura de la muerte que se revuelve por sobrevivir, y utiliza a personas e instituciones aparentemente providas, para defenderse atacando.

Esto, que puede parecer apocalíptico, y que realmente lo es, en tanto está ya profetizado en el libro del Apocalipsis, no tiene mucha complicación, y me explico: a los providas nos tocará sufrir, pasar un desierto, una cruz grande, “elevada para escándalo y perdición de muchos“. Pero aquí, a mí y a los míos, seguramente nos tocará ahora. Próximamente.

Con ese anuncio de Cáliz, también ese amigo me anunció la Resurrección, el Triunfo. Y ambas cosas, lo hizo con naturalidad, como el guerrero acostumbrado a combatir, como lo hacía Jesús a sus amigos, que les había advertido tantas veces de lo que vendría.

El que resiste en el sufrimiento, vencerá. Ser vencidos no es una derrota. La verdadera derrota es abandonar el combate. 

Y eso, no podemos ni sabemos hacerlo. Porque Alguien, antes que no nosotros, no lo hizo. No se bajó de la Cruz. No huyó de Getsemaní.

@petrusquinta

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2 comentarios en “GETSEMANÍ (SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS). Mi semana de pasión, 3.

  1. A hermanos nuestros los están masacrando el Oriente Medio, en Pakistán, en Nigeria y en tantos otros sitios… Nosotros, en el fondo, somos afortunados: sólo hemos de padecer que nos arrastren por el barro. En el fondo, todos estos padecimientos son una forma de participar, siquiera un poco, en el sufrimiento que Él padeció por salvarnos. Es nuestra forma de estar más cerca de Él. Ser cristiano no es tener una vida cómoda, es estar condenado a un Calvario por dar testimonio de Cristo. Y si no llega a tu vida ese Calvario, es que algo está fallando en tu vida. Cada vez lo tengo más claro.

    Un fuerte abrazo, Pedro, y bravo por el artículo, una vez más.

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  2. No sabes como me consuela esas palabras, Elentir. Sí es verdad. Somos privilegiados si nos acosan o difaman, o insultan, o nos abandonan. Una mínima parte de lo que sufrió Cristo nuestra Vida.
    Gracias por esas palabras. Sabes que te admiro porque “por sus obras los conoceréis”. Feliz Triduo Santo. Y Salud a los tuyos.

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