Mi semana de pasión (1). Y día de reflexión

Qué bueno que la Semana de Pasión (creo que esta denominación es antigua, pues en realidad es la última semana de Cuaresma), como suele llamarse a la previa a la Semana Santa, venga precedida para todos los andaluces por un día de reflexión. Aunque éste sea dedicado a decidir el voto en estas elecciones cruciales para nosotros en Andalucía, y para todos los españoles por extensión, como ya he explicado estos días detenidamente.

Hoy ya no hablaré de política, aunque ésta sea, por contra de lo que puedan pensar algunos, una de las más altas formas de Caridad, como dice el Papa Francisco. Y que “con la política no se puede hacer como hizo Pilatos, lavarse las manos”

Hoy quiero hablar, y desnudarme espiritualmente, de mi propia Semana de Pasión.

icono Jesus en la sinagoga

Queridos amigos, sabed que lo necesitaba: el desierto que nos predijo Ignacio Arsuaga a los defensores del Derecho a vivir, está siendo duro. Ser consecuente con las propias ideas lleva sus “efectos colaterales”…. Y lo más fácil sería callarse… (y algunas veces, lo más difícil).

Pero como un espejismo, y por medio de un compañero de trabajo, en la capilla del Panteón, aparece cada día Jesús en el Sagrario, y cada día puedo adorarlo, adorando su cruz, adorando mi cruz. Recibiendo Su Amor y Su consuelo.

El dibujo que pongo es de un gran pintor, Premio Nacional de Pintura, converso, y no os digo más. Hay que entender ese dibujo. No se si sabéis su interpretación, a quién representa, cuándo, etc.

Es Jesús, en la Sinagoga de Nazaret, al comienzo de su vida pública, con el talit de oraciónJesús venía del desierto, de ser probado. Sometido a una prueba dura. Venía del sufrimiento, demacrado, y sus ojos “cegados” por el fuego del desierto.

Es el mismo rostro de la Sábana Sta,, de la Cruz, si os fijáis bien. Jesús también fue crucificado en el el desierto, siendo obediente y fiel al Padre, el cual permitió que Satanás lo tentara. Y triunfó. Obtuvo el triunfo sobre el afecto-pan (traspasado su corazón), sobre el poder-dinero (crucificadas sus manos y pies), y sobre la tentación de escapar, de cambiar su historia (traspasada su cabeza por espinas).

El rostro con que muestra Jesús (“aquí hoy se cumple la profecía, los ciegos ven, los presos quedan libres…”), es el rostro vivo del Siervo de Yaveh. Es el Siervo el que viene a Israel, a Nazaret, a la Galilea “de los gentiles” (la Iglesia) para AMARLOS, para ser DIOS-en-ellos. (¡Bendito sea!). Para rescatarlos y rescatarnos.

Esa es mi cruz. Esa es mi Semana de Pasión.

Sea alabado Dios en su Cruz gloriosa.

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