LA ESTRELLA DE DAVID.

UNA OLA DE ANTISEMITISMO RECORRE EUROPA

Leo en las noticias de hazteoír.org, que los musulmanes de Oslo han hecho un “anillo de paz” para “defender” la sinagoga de esa capital, ante el ataque de días atrás a la de Copenhague. Un precioso gesto de paz y entendimiento. Pero noticias como esta me hacen reflexionar bastante en toda esa ola antisemita que vemos en los telediarios.

¿Estamos como en la Europa de los años 30 y 40?

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El vil atentado contra la revista francesa y el supermercado judío de comida Kaser, la llamada del Estado de Israel con los brazos abiertos a todos los judíos europeos para que acudan al país judío y vivan allí. Y muchos otros micro-ataques xenófobos, me recuerdan lo leído sobre el Holocausto del siglo pasado.

Mi simpatía hacia el Pueblo Elegido de la Biblia no es oculto a nadie. Disfruto estudiando sus costumbres e historia. Gozo con sus cantos y símbolos. He podido vivir varios años el Hagadá de Pésah, rememorado junto a amigos cristianos, pero con todos los pasos y signos de los judíos, la cena de Jesús, que era un judío cumplidor de la ley. Él mismo era la Ley, la Nueva Ley del Nuevo Israel.

San Juan Pablo Ii los llamaba, tomándolo del Concilio en una expresión revolucionaria, “nuestros hermanos mayores en la fe”. Su buena relación con los judíos databa de Wadowice, donde la comunidad judía estaba compuesta casi por un tercio de los diez mil habitantes. Estaban bien integrados a la vida ciudadana las relaciones eran de aprecio y amistad, contando Karol Wotyla con verdaderos amigos entre ellos, y llegando a salvar a alguno en Cracovia,  cuando la Gran Sombra Gris, la Maquinaria Monstruosa se puso en marcha…

Una maquinaria digna de la más horrible pesadilla, nunca imaginada por mente de hombre que la pudiera crear. Solo comparable con otra actual maquinaria de exterminio en serie: las clínicas abortistas.

Durante años los judíos europeos fueron hostigados, perseguidos, acosados, denunciados, maltratados, apresados, trasportados como ganado, almacenados como animales, maltratados y apaleados en los campos de concentración, destinados a trabajos inhumanos, y finalmente gaseados en serie para luego ser quemados sus cuerpos cuando ya las fosas no daban más de sí, o bien utilizados para hacer jabón.

Eso es el Holocausto del pueblo judío. A quien el mundo entero debe respetar cuando no amar. Un pueblo al que se le concedió una tierra, en la que habían vivido históricamente sus antepasados, otorgada por el mismo Yaveh.

Todo esto, aunque es muy cruento, nos puede parecer lejano… Sin embargo he sido testigo directo de episodios antisemitas en personas cercanas. Nunca lo había experimentado: el odio al judío. Claro está, fuera de las expresiones muy felizmente superadas, que pervivían en nuestra infancia (“los judíos fueron los que mataron al Señor”, “si escupes eres un judío”, etc.)

Estas otras eran producto de personas adultas, impregnadas de fascismo y odio. Odio al pueblo judío. Igual que el siglo pasado. Judíos y culpables. Judíos fuera. Judíos, exterminar…

¿Porqué ese odio secular? ¿Por su espíritu ahorrativo, dado su continuo peregrinar de una nación a otra, llevando consigo bienes fácilmente transportables como las joyas? ¿Por ser el pueblo donde empezó nuestra civilización occidental judeocristiana? ¿por ser depositario de la primera revelación monoteísta? ¿por haber creado un paraíso de progreso y bienestar en medio del desierto y tener el ejército más poderoso de Oriente Medio para combatir a sus enemigos? ¿Por haber protagonizado todas las etapas históricas, incluido el Holocausto, y no ceder a la desunión ni al desaliento, sobreponiéndose y resurgiendo una y otra vez de sus cenizas con más fuerza cada vez? ¿Por ser el único país democrático y libre de todo Medio Oriente, rodeado de dictaduras y fanatismos?

El caso es que suscita odios incomprensibles. Y no muy lejos de nosotros. Precisamente la ultra-derecha siempre se ha destacado por ese odio. Y por su amor al Islam, reconociéndole todas las bondades… El Gran Mufti de Jerusalén, aliado de Hitler. Los musulmanes de hoy, amigos de los neonazis aún existentes. Los une el odio al pueblo de Yaveh.

Nuestros hermanos mayores en la fe. Hoy igualmente perseguidos por el fanatismo en este caso islámico.

Termino también con unas palabras de Juan Pablo II, las palabras de todo un Papa: “En Yad Vashem, memorial de la Shoah, – decìa – rendí homenaje a los millones de judíos víctimas del nazismo. Una vez más expresé profundo dolor por esa terrible tragedia y reafirmé que “nosotros queremos recordar” para comprometernos juntos -los judíos, los cristianos y todos los hombres de buena voluntad- a vencer el mal con el bien, para caminar por la senda de la paz.”

Yo los siento cercanos, hermanos. Y seguiré hablando de ellos.

¡¡SHALOM!!

@petrusquinta

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