CONTAGIAR EL MAL O CONTAGIAR EL BIEN. Je Suis HO

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Se atribuye la anécdota al Santo Cura de Ars. En una ocasión un penitente se acusó de haber difamado a una persona. El santo le pidió que antes de darle la absolución viniera con una almohada de plumas a la iglesia. Cuando volvió con ella, subieron los dos al campanario y el sacerdote le dijo: destruye ahora la almohada. Enseguida, las plumas se esparcieron por todo el pueblo. Luego, le ordenó: ahora, recógelas y vuelve a meterlas en la almohada. El sacerdote le hizo ver que eso mismo era lo que sucedía con la maledicencia y la difamación, no se sabía hasta dónde podían llegar y no había manera de detenerlas. Y mucho menos de devolverlas a su sitio. De restituir la fama. ¡Imposible!

Si rasgamos un colchón, una almohada de plumas, aunque solo sea con una leve cuchilla, insignificante, pero que rasga y destruye, luego no queramos recoger esas plumas para meterlas de nuevo dentro. Puede ser que muchas ya no puedan ser alcanzadas, hayamos perdido el control sobre ellas, y vuelen sin rumbo por el aire, fuera ya de su sitio para siempre…

En estos días he leído algunas difamaciones, que de forma directa o indirecta, iban dirigidas hacia amigos míos, y por tanto también hacia mi, y estaban relacionadas con nuestra actividad provida o profamilia.

Dice el Papa Francisco que si el mal es contagioso, también lo es el bien. Yo he comprobado tanto una cosa como otra. Y opto por el bien, por dejarme contagiar del bien, del único Bien. Para que abunde en nosotros cada vez más y lo contagiemos a todos, también a los que por envidia, o creyendo, engañados, que hacen un beneficio a la Iglesia o a la sociedad, nos difaman.

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Desde que actúo dentro de Hazteoír solo he visto gente de bien. De fe. Sólida y probada. De familias numerosas. De sacrificio grande. De generosidad sin límite. Y todo eso adobado de una alegría desbordante, una eficacia y una preparación apabullante. De un diálogo y apertura de miras ejemplar.

He conocido gente maravillosa, y para mí ha sido un don de Dios. Por eso digo orgulloso: Je suis HO. Lo siento así. 

Y como quiera que soy perro viejo en esto de los grupos, las asociaciones, los ámbitos eclesiales y laicales, las organizaciones y los saraos varios… Pues digo que en la maledicencia y la difamación que he leído y escuchado estos días hay mucho de envidia humana, de afán de poder y de erráticas ideas… Por ese orden: envidia, poder, ideas.

Sobre estas tres cuestiones habría mucho que hablar y se podrían escribir tratados. Pero yo solo me remito al Evangelio de este Primer Domingo de Cuaresma, cuyo escenario es un desierto. Algo dice ese pasaje sobre estos tres temas y sobre “quien” se los presenta a Jesús. Y, en Él, a todo hombre. También a los que de buena voluntad andan por esos mundos cibernéticos.

Envidia: la afectividad, ese sentimiento destructor de las relaciones humanas. El no poder quedar nunca por debajo de nadie. Convertir las piedras, la realidad, en pan, lo que yo deseo para estar bien. Esto da lugar a personas siniestras

Poder: tener el control de todo. No dejar nada a la improvisación. Saciarme de todo. Ser el dueño y el propietario de lo que se mueva por ahí, también en lo social o político. Querer poseer todos los reinos de la tierra. Esto da lugar a los prepotentes,,,

Ideas erráticas: querer tener la verdad, el control sobre todo. Ser el que transforme esa Verdad, acomodándola a mi forma… Cambiar la historia escrita por Dios en un cuento de hadas, eduilcorado y con ángeles flotando. Esto da lugar a personajes egocéntricos...

Y vuelvo al desplumador de almohadas de nuestra anécdota: después de la absolución, se propuso tratar de vivir todos los días la virtud de la benedicencia.

A eso estamos llamados: a bien decir. Bendecir a los demás. Contagiar el bien sin importarnos lo que digan de nosotros. Seguir trabajando con ilusión todos los días.

El que intentó engañar a Cristo mismo, nos intentará engañar una vez tras otra. De nosotros depende el camino por el que optemos. Yo ya lo he hecho.

@petrusquinta

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Un comentario en “CONTAGIAR EL MAL O CONTAGIAR EL BIEN. Je Suis HO

  1. Subscribo tus palabras, y te doy las gracias por formar parte de mis amigos, o mejor dicho, se las doy a Dios por todos y cada uno de ellos. De esos amigos que luchan por hacer un mundo mejor del modo que pueden y que Dios les ha dado a entender, con sus defectos y virtudes, pero con buena voluntad. Da la “casualidad” de que varios de ellos, empezando por Ignacio Arsuaga, forman parte de la “gran familia de HO” ya sea como socios o como colaboradores, incluyendo a mis propios padres, hermanos y compañeros de otras asociaciones, como el grupo de oración y rescate ante los abortorios de Málaga, “Corazón de María” en el que colaboro desde hace unos meses.

    Y por eso mismo, también quiero romper una lanza en favor de algunos de mis amigos que han contribuido en la difusión de ése escandaloso artículo de una revista que tiene (o ha tenido hasta ahora) todos mis respetos, pues entiendo que también ha sido víctima de un ENGAÑO muy bien urdido desde hace tiempo. Sí he lamentado que algunos de ellos, conociéndome y sabiendo mi buena relación con HO, no se hayan puesto en contacto conmigo, como han hecho otros, para advertirme o preguntar mi opinión sobre el mismo, pero he decir en favor de ellos que, siendo personas que normalmente no hablan mal de los demás y que precisamente son de las que procuran contagiar el bien, tienen demasiadas tareas que atender, y como humanos que son y ante semejante “corriente de alarma por la supuesta pertenencia a una secta de algunos de los miembros de HO…” han caído también en la misma trampa. Pero eso sí, han respondido, ante mi desconcierto y mi preocupación, intentando enmendar el mal causado.

    A todos ellos, que Dios los bendiga. Y a los que no se dan cuenta, o no quieren dársela, del mal causado, que los bendiga más aún para que algún día salgan de su error. Y en caso de que no salgan, pues que Dios les perdone, pues todos cometemos errores, y necesitamos de su Misericordia.

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