Reflexiones en las vísperas de las Bodas de Plata

No se cumplen veinticinco años fácilmente, en nada. Ni profesional ni personalmente.

Cuando se cumplen las bodas de plata de un matrimonio ya se ha vivido mucho, ya normalmente ese matrimonio ha sido probado. Hoy día, es infrecuente que un matrimonio llegue a ese tiempo. No ha sido mérito nuestro, que ya lo habríamos estropeado mil veces  sino de Otro (con mayúsculas…)

Para mí, llegar a este aniversario el próximo día 8, el día de la Inmaculada, supone DESEAR renovar los votos matrimoniales. Porque mi esposa es lo más importante de mi vida, junto con Dios, pues a Dios lo he conocido gracias a ella.???????????????????????????????

Supone también DAR GRACIAS por todo lo recibido en estos años. Lo alegre, lo triste, las dificultades, las penas. Todo. Todo ha sido para mi un Bien. Y no podría cambiar nada de lo vivido.

Pero por encima de todas las cosas, dar las gracias por mis cuatro hijos. A los que quiero con toda mi alma aunque la mayoría de las veces no lo sepa demostrar. No soy un buen padre, no me considero tal. Pero que me quiten lo bailao, porque tengo cuatro maravillas.

Y dar gracias por la mujer que tengo, que Dios me la dio. Porque no podía ser mejor para mi. Carne de mi carne. Ella es la persona que me pone en la verdad, que me ayuda verdaderamente. Así lo creo y lo afirmo.

Llegar a unas Bodas de Plata matrimoniales, al menos para mí, supone CREER en el amor compartido, y querer seguir viviéndolo y compartiéndolo hasta que Dios quiera. Querer envejecer juntos. Porque eso, eso, es lo más precioso que tenemos. Es creer firmemente en el futuro.

Supone, como no, pedir PERDÓN Y PERDONAR los errores cometidos. Sabiendo que forman parte del bagaje, que nos queremos como somos, que nos queremos a pesar de nuestras miserias, que son muchas por cierto.

Y supone SEGUIR CAMINANDO JUNTOS, por la vereda de cada día, de la mano.Venga lo que venga. Juntos siempre. Dispuestos a todo. Lo que venga, nos hará más fuertes. Más bellos. Mejores. Podemos caminar hacia el futuro, sabiendo que al final estará el Amor, estará Jesucristo esperándonos.

Y caminaremos bajo la mirada de La Inmaculada, de la Mujer vestida de Sol, la Luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas. Ella ha ido impregnando su Belleza en nuestro matrimonio, a lo largo de estos veinticinco años. Por eso ha sido indestructible. Por eso, como la Virgen, ha dado a luz.

Mi matrimonio ha dado VIDA. Somos pobres vasijas de un barro pobre, pero conteniendo la más dulce de las aguas vivas, la Gracia del sacramento que nos ha acompañado siempre, que no nos ha dejado.

Dios quiera que podamos seguir dando de ese agua, seguir dando Vida.

Así sea.

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Un comentario en “Reflexiones en las vísperas de las Bodas de Plata

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